Barrancas: Un viaje al corazón de la Puna jujeña y sus tesoros milenarios

lunes, 9 de febrero de 2026

09/02/2026 – En lo profundo del departamento de Cochinoca, a 3.643 metros sobre el nivel del mar, se encuentra Barrancas (también conocido como Abdón Castro Tolay), un pueblo que parece detenido en el tiempo y esculpido por el viento. A 187 kilómetros de San Salvador de Jujuy, esta comunidad de 350 habitantes abre sus puertas para ofrecer una experiencia de turismo rural comunitario que combina identidad, naturaleza y un legado arqueológico inigualable.

El Paisaje de los Farallones
El nombre del pueblo no es casual. Se debe a las imponentes formaciones de origen volcánico que lo rodean: los farallones. Estas paredes verticales, que se extienden por 9 kilómetros, han sido pulidas por la erosión durante milenios, creando un escenario natural que Martín Alejo, guía local, define como «mágico».

Llegar hasta allí es emprender una travesía visual. Desde la capital jujeña, el camino atraviesa la Quebrada de Humahuaca y la Cuesta del Lipán, cruzando las Salinas Grandes hasta empalmar con la Ruta Provincial 75. Los últimos 16 kilómetros de ripio son el preludio al silencio y la paz de la Puna.

Un Museo al Aire Libre
Barrancas es uno de los polos arqueológicos más importantes de Jujuy. Con vestigios de 10.000 años de ocupación, cuenta con 52 sitios identificados. Actualmente, los visitantes pueden recorrer tres circuitos habilitados:

  • Piedra Mapa: Un sendero interpretativo con petroglifos y una singular maqueta tallada en piedra, única en la provincia.
  • Trono del Inca: Un sector con más de 70 metros de grabados que datan desde el precerámico hasta el año 650 d.C.
  • Cueva del Caravanero: El sitio más cercano al pueblo, ideal para observar pinturas rupestres con diversas técnicas y colores.

Identidad y Sustentabilidad
La vida en Barrancas late al ritmo de la ganadería de llamas y la agricultura de altura (papa, oca, quinoa). Sus casas de adobe y techos de paja mantienen la bioconstrucción ancestral, garantizando calidez en las gélidas noches puneñas.

El turismo aquí no es masivo, sino una invitación a compartir: desde el arreo de llamas hasta la degustación de platos típicos como la cazuela de cordero o infusiones de rica-rica. En 2024, este esfuerzo colectivo llevó al pueblo a ser postulado entre los más hermosos del mundo, destacando no solo su belleza, sino la calidez de su gente que, como Martín, eligen volver a sus raíces para proteger un patrimonio que pertenece a todos.

Podés ver la nota completa en el link debajo del título…