29/12/2025 – Desandamos los caminos de una de las expresiones más profundas del noroeste argentino: la Danza de las Cintas. En el marco de la «octava de Navidad», compartimos no solo la técnica de este baile, sino la mística que une al pueblo con la celebración del pesebre.
Esta danza, recopilada por investigadores fundamentales como Carlos Vega, es una práctica milenaria que sobrevive con fuerza en Jujuy, Bolivia y Perú. Se trata de un rito de adoración donde los niños —auténticos protagonistas— trenzan y destrenzan cintas de colores alrededor de un mástil central o «mayo», al ritmo de villancicos «primigenios e ingenuos» y el sonido de los sicuris.
Esta danza representa una disposición bella del alma para rendir tributo al Niño Dios. A través de un movimiento que combina saltos y giros, los pequeños danzantes van tejiendo el mástil, guiados por maestros o hermanos mayores, en un proceso que simboliza la unidad comunitaria en torno a un objeto de culto.
Las familias del norte argentino transforman sus hogares en escenarios sagrados, construyendo pesebres con materiales sencillos como arpillera, harina y pasto, recreando paisajes montañosos para recibir a la comunidad. La Danza de las Cintas corona estas jornadas de oración y festivo encuentro familiar que se extienden tradicionalmente hasta el inicio de enero.
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