En el Día de la Mujer recordamos a las Heroínas de la libertad

lunes, 9 de marzo de 2026

09/03/2026 – En el marco del Día de la Mujer, la historia argentina recupera voces que, durante décadas, permanecieron en un injusto anonimato. A través de un emotivo diálogo con Marta Elena de la Zerda, presidenta de la Asociación Cultural de Heroínas Hispanoamericanas, se rindió homenaje a dos figuras fundamentales de la gesta emancipadora: María Remedios del Valle y Juana Azurduy.

María Remedios del Valle: La Capitana Invisibilizada
Conocida por sus soldados como la «Tía María» o la «Madre de la Patria», María Remedios del Valle fue una mujer afrodescendiente cuya valentía desafió los prejuicios de su época. Actuó como auxiliar en las Invasiones Inglesas y, tras la Revolución de Mayo, se unió al Ejército del Norte.

A pesar de que inicialmente Manuel Belgrano le prohibió combatir, su persistencia en la retaguardia curando heridos y su arrojo en la Batalla de Tucumán obligaron al prócer a nombrarla capitana. Remedios perdió a su esposo y a sus hijos en combate, sufrió heridas de bala y fue azotada públicamente por los realistas. Tras la guerra, terminó mendigando en las calles de Buenos Aires hasta que el general Viamonte la reconoció, logrando que se le otorgara una pensión tardía. Hoy, su rostro finalmente ocupa un lugar de honor en el billete de 10,000 pesos.

Juana Azurduy: La Musa de América
Si Remedios representa la entrega silenciosa, Juana Azurduy simboliza la bravura estratégica. Nacida en Chuquisaca, Juana fue una mujer de gran formación que, junto a su esposo Manuel Ascencio Padilla, lideró guerrillas en el Alto Perú.

Su sacrificio personal fue inmenso: vio morir a sus cuatro hijos pequeños debido a las penurias de la guerra y perdió a su esposo en el campo de batalla. Lejos de rendirse, se unió a las fuerzas de Martín Miguel de Güemes en Salta, donde fue nombrada teniente coronel. Juana, quien dominaba el quechua y el aimara, logró unificar a las poblaciones indígenas en la lucha contra el opresor.

Hoy, las cenizas de Juana y Manuel descansan juntas en la Casa de la Libertad en Sucre, recordándonos que la independencia no fue solo una hazaña masculina, sino el resultado de un coraje compartido que no conoció límites.

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