La Cautivita: Fe, historia y resistencia en el corazón del norte cordobés

lunes, 16 de febrero de 2026

16/02/2026 – En el norte de la provincia de Córdoba, donde el paisaje se funde con la historia colonial, existe una devoción que ha superado el rigor de los siglos y las cicatrices del pasado. Se trata de Nuestra Señora del Rosario, popularmente conocida como «La Cautivita», patrona de Villa de María del Río Seco y símbolo indiscutible de la identidad local.

La historia de esta imagen, tallada en madera del monte nativo por manos indígenas hacia 1592, está intrínsecamente ligada al origen de la comunidad. Según relata Julio Camaño, coordinador de turismo de la localidad, su creación fue inspirada por el paso de la caravana de la Virgen del Rosario del Milagro. Inicialmente venerada en una gruta bajo el nombre de la «Virgencita del Monte», su fama de milagrosa creció rápidamente, vinculándose incluso con los orígenes de las advocaciones de Luján y Sumampa.

Sin embargo, el hito que definió su identidad actual ocurrió en 1748. Durante un violento malón de pueblos originarios de la zona del Chaco, la imagen fue robada de su capilla al pie del cerro del Romero. Ante el agravio, los pobladores locales —conocidos como los «Caris»— se organizaron en una persecución implacable. Bajo la promesa de no descabalgar ni probar bocado hasta recuperarla, tras dos días de marcha lograron rescatar a su patrona a 90 kilómetros del pueblo. Desde aquel regreso triunfal, la imagen fue rebautizada como «La Cautivita».

Esta gesta no solo quedó grabada en la memoria oral, sino que fue inmortalizada por el poeta Leopoldo Lugones, hijo ilustre de Villa de María, en sus Romances del Río Seco. Hoy, esa herencia se mantiene viva cada octubre con la representación del «Rescate», donde agrupaciones gauchas —herederas de aquellos primeros custodios— escenifican la disputa por la Virgen entre «indios» y «gauchos» en un clima de profunda emoción colectiva.

Recientemente declarada Santuario, la parroquia de Villa de María del Río Seco resguarda la imagen original de más de 400 años, una reliquia que ha visto pasar por sus suelos a figuras como Mamá Antula y Fray Mamerto Esquiú. Para el pueblo, La Cautivita no es solo una figura religiosa; es la «causa común» que une a los vecinos y el motor de un turismo religioso que invita a descubrir la historia viva del norte cordobés.

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