16/03/2026 – El paisaje de la región pampeana argentina suele imaginarse como una llanura infinita y uniforme. Sin embargo, grabadas sobre su suelo, existen marcas profundas que cuentan una historia de movilidad, política y cosmovisión: las rastrilladas indígenas. Estos antiguos caminos, que atraviesan provincias como La Pampa, San Luis, Córdoba y Buenos Aires, son el objeto de estudio del arqueólogo Rafael Curtoni, investigador del CONICET, quien desentraña los secretos de estas huellas milenarias.
Más que Simples SenderosDefinidas clásicamente por Lucio V. Mansilla en 1870 como «surcos paralelos y tortuosos», las rastrilladas se formaron por el tránsito constante y secular de miles de caballos y personas. La presión de las pezuñas sobre terrenos a menudo arenosos fue profundizando el suelo hasta crear concavidades que, en algunos sectores, alcanzan entre dos y cuatro metros de profundidad.
Curtoni destaca que estas huellas no eran azarosas. Salirse de la senda implicaba un riesgo real, como le sucedió a Bartolomé Mitre en 1858, quien quedó atrapado con sus pertrechos en un guadal (arena movediza) por intentar «cortar camino». Las rastrilladas eran, por tanto, una infraestructura vital que respetaba la lógica del terreno.
Conectores Bioceánicos y Lógica EspacialA gran escala, estos caminos funcionaban como verdaderas autopistas bioceánicas, conectando el Océano Atlántico con el Pacífico a través de los pasos cordilleranos. No obstante, las investigaciones actuales de Curtoni revelan una red mucho más compleja de caminos secundarios y terciarios.
Contrario a la visión histórica tradicional que reducía las rastrilladas al mero comercio de ganado hacia Chile, el análisis arqueológico muestra que muchas seguían una lógica circular y concéntrica. Conectaban «nodos» fundamentales para la vida indígena:
Un Patrimonio en PeligroAunque el avance agrícola y el desmonte han borrado muchas de estas huellas, sectores protegidos como el Parque Luro en La Pampa permiten hoy caminar por el interior de estas ondonadas. Recorrerlas es una experiencia sensorial que permite «leer» la voluntad política y social de los pueblos originarios grabada en la tierra. Las rastrilladas no son solo pasado; son la presencia material de una organización soberana que dominó el territorio mucho antes de que se trazaran los mapas modernos.
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