13/02/2026 – “Quiero que me consigas una mamá y un papá.” Esa frase, dicha por una niña en una defensoría, fue la semilla de una historia que cambiaría para siempre la vida del matrimonio de Matías y Mariana Cifuentes y la de cinco hermanos que estaban a punto de ser separados. En el micro “Historias Transformadoras” en el programa «Solo por hoy», el matrimonio compartió su testimonio de adopción de cinco hermanos, una decisión que nació del dolor, maduró en el discernimiento y floreció en una familia donde hoy sonríen siete.
Del duelo a una nueva fecundidad
Matías y Mariana llevaban 16 años de casados. Tenían amigos, viajes, una vida tranquila. Pero en el centro del corazón latía el deseo de formar una familia.
En 2010, un embarazo que no llegó a término marcó un antes y un después. “Ahí compuse una canción diciéndole: ‘Ya vamos a ser más’”, recordó Matías. No imaginaba que ese “ser más” sería tan grande.
Sin optar por tratamientos, comenzaron a interiorizarse sobre la **adopción en Argentina** y se inscribieron en el registro correspondiente. Su deseo inicial era adoptar uno o dos hermanos pequeños. Pero el camino de Dios tenía otros planes.
El llamado que lo cambió todo
Dos años después, llegó un llamado inesperado: un grupo de cinco hermanos —dos adolescentes y tres niños— estaba en riesgo de ser separado porque no aparecía una familia dispuesta a recibirlos juntos.
El defensor les pidió que lo pensaran. “Si me dicen que sí, pienso que están locos; si me dicen que no, veo que puede llegar a ser un sí”, les dijo.
Durante un mes, la pregunta resonó en el corazón: ¿Seremos capaces? ¿Podremos sostenerlos emocional y económicamente? Las cuentas no cerraban. La casa no alcanzaba. El miedo estaba. Pero también algo más profundo: “Pensar que éramos la última oportunidad para que estén toda la vida juntos fue lo que más nos motivó.”
El sí fue un salto a la pileta… sin conocerlos.
Vincularse, reacomodarse, aprender a ser familia
El proceso fue intenso: cuatro meses de vinculación, la guarda preadoptiva, el primer año de grandes desafíos. Reacomodar horarios, escuelas, médicos, economía. Y, sobre todo, emociones.
La solidaridad fue clave. Amigos y desconocidos acercaron ropa, camas, colchones. “Conocimos gente increíble”, cuentan.
La pandemia, paradójicamente, ayudó: ese tiempo juntos fortaleció el vínculo entre los siete. La comunicación fue esencial. Reuniones familiares, espacios para expresar lo que cada uno sentía, diálogo constante.
Hoy, Brenda (21), Delfina (18), Nahuel (16), Sebastián (15) y Matías (14) forman, junto a sus padres, una familia que aprendió que el amor no se divide: se multiplica.
“Agrandar el requisito”: un mensaje para quienes lo están pensando
A quienes sienten en el corazón la inquietud de adoptar, Matías les deja un consejo concreto:
“Por miedo habíamos puesto hasta cinco años. Pero es impresionante lo que se puede lograr con chicos más grandes.”
Muchos niños y adolescentes esperan una familia. Llevan heridas, sí. Pero también un niño interior que anhela contención y pertenencia. El vínculo, dicen, se construye y se vuelve profundamente sagrado.
Una fecundidad que va más allá de lo biológico
La historia de esta adopción de cinco hermanos nos recuerda que la fecundidad no se reduce a lo biológico. Es apertura, disponibilidad, confianza. Es animarse a creer que el amor puede más que los cálculos.
El Evangelio nos habla de un Dios que no separa, que reúne, que hace familia donde parecía imposible. En una cultura que muchas veces descarta lo que es “difícil” o “complicado”, esta experiencia nos interpela: ¿qué lugar tienen en nuestro corazón los que esperan?
No todos están llamados a adoptar. Pero todos estamos llamados a ensanchar el corazón.
A veces el milagro no es que las cuentas cierren. El milagro es que el amor nos anime a decir que sí.