27/02/2026 – Esa es la pregunta que muchos se hacen apenas comienza este tiempo litúrgico. Y la respuesta del Padre Humberto González, en el ciclo «Reflexiones para el finde» sorprende: no hay que tirar el celular. No hay que guardarlo cuarenta días. No hay que demonizarlo.
La Cuaresma no es eliminación. Es orden. Siguiendo la pedagogía espiritual de Ignacio de Loyola, se trata del “uso adecuado”. No del uso aburrido. No del uso culposo. Sino del uso ordenado.
El problema no es el celular. El problema es cuando gobierna nuestra vida.
La imagen es fuerte: vivimos con la cabeza inclinada. Miramos hacia abajo. Miramos la pantalla.Nos miramos el “pupo”, como dice gráficamente el Padre Humberto. Y cuando la mirada se acostumbra a bajar, algo más baja con ella: la capacidad de encuentro.
No vemos al que está al lado.No vemos al hijo que quiere hablar.No vemos al cónyuge que necesita escucha.No vemos al hermano que espera una llamada.
La Cuaresma puede ser el tiempo para levantar la mirada.
Muchos podrían justificar horas frente al celular diciendo: “Estoy escuchando homilías”, “Estoy leyendo reflexiones”, “Estoy en grupos espirituales”.
Pero el criterio ignaciano es claro:
No es acumular contenido.Es dejar que algo nos toque por dentro.
Como en un “tenedor libre”: no se trata de servirse todo, sino de elegir lo que realmente alimenta.
La indigestión espiritual también existe.Y los “reels” pueden ser su versión más moderna.
El Papa León —en una reciente catequesis de Cuaresma— proponía algo concreto: no apagar todo, sino silenciar.
Silenciar grupos.Silenciar notificaciones.Silenciar el ruido constante.
Porque cuando todo habla al mismo tiempo, nada se escucha.
Y la Cuaresma es tiempo de escucha.
La propuesta no es negativa. Es profundamente positiva.
El celular puede ayudarnos a:
Como cuando Jesús envía a sus discípulos sin alforja ni túnica de más, la Cuaresma nos ayuda a descubrir qué cargas son innecesarias. Quizás no sobran cosas materiales. Quizás sobran estímulos.
La palabra puede confundir. No se trata de “hacer más”. Se trata de producir encuentro.
Encuentro conmigo mismo.Encuentro con Dios.Encuentro con los demás.
Si el celular ayuda a eso, es un aliado.Si lo impide, necesita orden.
La Cuaresma no es castigo. Es gracia. Y el celular —bien usado— puede ser instrumento de gracia.