“Los enfermos son el corazón de la Iglesia”

miércoles, 11 de febrero de 2026

11/02/2026 – En el Día Mundial del Enfermo, el mensaje del Papa León XIV nos vuelve a poner frente a la parábola del Buen Samaritano y a una pregunta que nos toca el corazón: ¿Cómo aprendere a detenerse en medio de una vida acelerada para acompañar a quien sufre?. En el programa Solo por Hoy de Radio María, el Dr. Hernán Carranza, coordinador de la Pastoral de la Salud de Córdoba y delegado nacional de la región Centro, reflexionó sobre el lema de esta jornada que coincide con la memoria de la Virgen de Lourdes, patrona de los enfermos.

Desde su experiencia como médico y agente pastoral, Carranza invitó a redescubrir el llamado a “amar llevando el dolor del otro”, no como una idea abstracta, sino como una acción concreta que transforma la vida.

El Buen Samaritano: una compasión que se hace acción

El mensaje del Papa para la Jornada Mundial del Enfermo retoma la parábola del Buen Samaritano. Allí, Jesús no responde solo quién es el prójimo, sino que enseña cómo hacerse prójimo.

Carranza lo explicó con claridad: “Amar llevando el dolor del otro es ayudarlo a que pueda transitar mejor su camino.”

No se trata de reemplazar al que sufre ni de “crucificarse” en su lugar. Como el Cireneo, estamos llamados a acompañar, a sostener en el tramo más difícil, a compartir el peso sin quitarle al otro su propia historia.

El médico cordobés advirtió que uno de los grandes obstáculos para vivir esta compasión es la aceleración constante. “Nadie puede meditar a una frecuencia cardíaca de 120”, expresó gráficamente. Si vivimos corriendo, con la mente en el pasado o en un futuro incierto, nos desconectamos del presente, que es el lugar donde Dios nos espera.

Detenerse para ver y acercarse

El Buen Samaritano hizo algo muy simple y revolucionario: se acercó. Hubo cercanía física, contacto, mirada, gesto concreto.

“Si no hay cercanía, no es posible despertar la compasión”, afirmó Carranza. Nada reemplaza el “hola, ¿cómo estás?”, la escucha atenta, la disposición a no juzgar.

La compasión cristiana no es solo sentimiento. Es acción práctica y humilde:

  • Se abaja para estar a la altura del otro.
  • Usa lo que tiene para aliviar heridas.
  • Busca ayuda cuando no puede solo.
  • Se compromete a volver.

El samaritano no se quedó en una emoción pasajera. Organizó, pagó, gestionó. Vivió una caridad concreta.

Pastoral de la Salud: una auténtica acción eclesial

En este Día Mundial del Enfermo, la Iglesia recuerda que el cuidado de los enfermos no es un gesto opcional, sino parte esencial de su misión.

Carranza citó al Papa al recordar que el cuidado del enfermo es “una auténtica acción eclesial”. Y reforzó otra afirmación fuerte del magisterio reciente: “Los enfermos y los pobres son el corazón de la Iglesia.”

Cada ministro extraordinario que lleva la comunión a un enfermo, cada sacerdote que administra la unción, cada agente pastoral que visita un geriátrico está yendo al corazón mismo de Cristo.

No se trata solo de “hacer algo bueno”, sino de participar en la misión viva de la Iglesia.

No podemos cuidar solos

El entrevistado también subrayó la dimensión comunitaria del cuidado. No es tarea de héroes aislados. Es un nosotros.

“Animarnos al amor es el idioma común de la humanidad”, señaló. Incluso en equipos donde no todos comparten la misma fe explícita, el amor concreto revela la presencia de Dios.

El cuidado se construye en red: familia, vecinos, profesionales de la salud, agentes pastorales. Nadie se salva solo, nadie cuida solo.

Una invitación concreta en lo cotidiano

La propuesta no es extraordinaria. Es cercana. Puede empezar en casa.

¿Hay alguien enfermo en tu familia? ¿Un jubilado solo en tu cuadra? ¿Un vecino que casi no sale? La compasión puede comenzar acompañando una cuadra, gestionando un turno médico, alcanzando una medicación.

Amar llevando el dolor del otro implica pequeñas renuncias cotidianas. Como explicó Carranza, no significa abandonar proyectos ni dejar la propia vida, sino ordenar el corazón para que el otro tenga lugar.

En la memoria de la Virgen de Lourdes, contemplamos a María junto al sufrimiento humano. Ella no quita la cruz, pero acompaña. Está.

El Evangelio nos muestra que Jesús no enseña desde la distancia. Se abaja, toca al leproso, se deja conmover. La compasión no es debilidad: es la fuerza del amor que transforma.

En una cultura que corre y mide todo en productividad, el Día Mundial del Enfermo nos recuerda que el valor supremo no es la eficiencia, sino el amor. Y el amor se mide en presencia.

Tal vez hoy el Señor te esté llamando, como al Cireneo. Quizás no lo elegiste. Tal vez pensás que no podés. Pero en ese trayecto compartido, algo cambia en el otro… y algo cambia en vos.

Porque cuando amamos llevando el dolor del otro, estamos tocando el corazón mismo de Cristo.

Para quienes quieran contactarse con la Pastoral de la Salud de la Arquidiócesis de Córdoba: Cel. 351 323 9009