03/06/2026 – La llegada de un nuevo álbum de figuritas del Mundial suele despertar escenas que se repiten generación tras generación: niños ansiosos por abrir sobres, intercambiar repetidas y completar cuanto antes cada página. Sin embargo, detrás de ese fenómeno cotidiano existe un mecanismo psicológico que también está presente en las apuestas, los videojuegos y muchas conductas adictivas. Se trata del llamado «refuerzo intermitente».
Sobre este tema reflexionó el psicólogo, docente e investigador Diego Tachella, quien explicó que este concepto surge de las teorías conductistas desarrolladas por investigadores como B. F. Skinner y se basa en una idea sencilla: cuando una recompensa aparece de manera impredecible, la conducta asociada tiende a mantenerse durante más tiempo.
«Lo que descubre Skinner es que el refuerzo intermitente hace que la conducta se mantenga más tiempo. Cuando la recompensa no llega siempre que realizamos una acción, sino que a veces aparece y a veces no, esa incertidumbre genera que la persona siga insistiendo. La conducta queda mucho más vinculada al estímulo y se sostiene durante períodos más prolongados», explicó.
Según señaló el especialista, este mecanismo es precisamente el que explica buena parte del atractivo que tienen los sobres de figuritas. El placer no está únicamente en conseguir una imagen determinada, sino en la expectativa de encontrarla.
«Cuando las figuritas empezaron a venderse dentro de sobres cerrados apareció la figurita difícil. Entonces surge esa pregunta constante: ¿estará o no estará? Y además aparecen versiones especiales o doradas que generan todavía más expectativa. Todo eso produce a nivel neurofisiológico una descarga de dopamina vinculada al placer y a la anticipación. Vivimos en una cultura donde permanentemente se estimula esa expectativa: la próxima serie, la próxima noticia, la próxima recompensa», sostuvo.
Tachella indicó que el fenómeno no es necesariamente negativo. De hecho, puede formar parte de experiencias saludables de socialización, aprendizaje y juego. El problema aparece cuando se convierte en la única fuente de satisfacción o cuando la búsqueda de la recompensa comienza a desplazar otras actividades importantes.
«Hay un interés sano por salir al mundo, encontrarse con otros, intercambiar y jugar. El problema aparece cuando eso se transforma en la única fuente de placer. Cuando todo gira exclusivamente alrededor de las figuritas, del próximo sobre o de la próxima recompensa. Cuando empiezan los conflictos, las discusiones, la ansiedad excesiva o la incapacidad de aceptar que algo no se consiga, ahí estamos entrando en una zona problemática», advirtió.
En ese sentido, destacó que los álbumes de figuritas pueden ser una oportunidad educativa si se los vive desde una lógica comunitaria y no únicamente individual.
«Lo interesante del álbum no es completarlo comprando todas las figuritas de una vez. Lo valioso es intercambiar en la escuela, en la plaza, con amigos o familiares. Aprender a negociar, compartir, esperar y construir algo junto a otros. Incluso se podría pensar en un álbum por familia, por curso o por grupo de amigos. Eso ayuda a desarrollar habilidades sociales mucho más importantes que simplemente llenar todas las casillas», señaló.
El psicólogo recordó que históricamente las figuritas estuvieron asociadas al encuentro y al juego, y no únicamente a la acumulación. Por eso considera importante que los adultos acompañen el proceso y ayuden a poner límites razonables.
«Está bueno dosificar. Si un chico tiene cincuenta sobres y los abre todos el mismo día, pierde parte de la experiencia. En cambio, si el sobre aparece asociado a otros logros, a la espera, al intercambio o al juego compartido, se transforma en algo diferente. Lo importante es que la recompensa no monopolice toda la experiencia», explicó.
Durante la entrevista, Tachella estableció además un vínculo directo entre este mecanismo psicológico y los sistemas de apuestas.
«Si trasladamos esto a una máquina tragamonedas funciona exactamente igual. La persona recibe estímulos visuales, sonidos, luces y recompensas que aparecen algunas veces sí y muchas otras no. La lógica es la misma que la de la figurita difícil. La diferencia es que allí el sistema está diseñado específicamente para mantener a la persona jugando. Siempre gana el casino, siempre gana la lotería y, en definitiva, siempre gana quien organiza el juego», afirmó.
Para el especialista, comprender cómo opera el refuerzo intermitente permite desarrollar una mirada más crítica frente a múltiples propuestas de entretenimiento que hoy forman parte de la vida cotidiana, especialmente entre niños y adolescentes.
«Los chicos todavía no tienen completamente desarrollado el lóbulo frontal, que es la estructura cerebral que ayuda a controlar impulsos y regular conductas. Por eso son más vulnerables a estos mecanismos. Nuestra tarea como adultos no es prohibir todo, sino acompañar, enseñar a reconocer cómo funcionan estas dinámicas y ayudar a que existan muchas otras fuentes de placer, de interés y de satisfacción en la vida cotidiana», concluyó.
La reflexión adquiere especial relevancia en un contexto donde las apuestas online, los videojuegos con recompensas aleatorias y diversas formas de consumo digital utilizan estrategias similares para captar la atención. Conocer estos mecanismos no significa renunciar al juego o al entretenimiento, sino aprender a relacionarnos con ellos de una manera más libre, consciente y saludable.