23/03/2026 – En el marco del ciclo “Un mundo artificial ¿una sociedad más humana?”, contamos nuevamente con la participación de Gustavo Béliz, miembro permanente de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales y director del libro Atlas de Inteligencia Artificial para el desarrollo humano de América Latina y el Caribe.
En este nuevo encuentro, la propuesta gira en torno a una pregunta tan provocadora como necesaria: “¿Fin del mundo o esperanza invencible?: los dilemas éticos de la IA?”. Un interrogante que atraviesa no solo el presente tecnológico, sino también el futuro de nuestras sociedades.
Durante el diálogo, Béliz planteó que la inteligencia artificial no puede ser comprendida únicamente desde una mirada técnica o productiva, sino que exige una profunda reflexión ética: “Estamos frente a una tecnología que no es neutral, que tiene impactos muy concretos sobre la vida de las personas, sobre el trabajo, sobre la dignidad humana. Por eso, el gran desafío es gobernarla con valores, con principios, con una mirada centrada en el bien común” .
En ese sentido, el especialista advirtió sobre los riesgos de una adopción acrítica de estas herramientas: “Si la inteligencia artificial queda librada únicamente a las fuerzas del mercado o a intereses geopolíticos, corremos el riesgo de profundizar desigualdades, de generar nuevas formas de exclusión y de perder el control sobre decisiones que afectan la vida cotidiana de millones de personas” .
Sin embargo, lejos de una visión pesimista, también destacó el enorme potencial de la IA para el desarrollo humano: “La inteligencia artificial puede ser una herramienta extraordinaria para mejorar la educación, la salud, la inclusión financiera, para generar oportunidades donde hoy no las hay. Pero eso depende de las decisiones que tomemos hoy” .
A lo largo de la conversación, Béliz insistió en la necesidad de construir una gobernanza ética y global de estas tecnologías, especialmente desde América Latina: “Nuestra región tiene una oportunidad única de aportar una visión humanista, donde la tecnología esté al servicio de la persona y no al revés. No se trata solo de innovar, sino de hacerlo con sentido” .
Finalmente, retomando la pregunta inicial, dejó una reflexión abierta que sintetiza el espíritu del encuentro: “No estamos ante un destino inevitable. La inteligencia artificial no define por sí sola si vamos hacia un escenario de crisis o de esperanza. Esa decisión es profundamente humana, y depende de nuestra capacidad de poner límites, de generar acuerdos y de priorizar siempre la dignidad de cada persona” .
Así, el ciclo continúa proponiendo un espacio de pensamiento que invita a ir más allá del impacto inmediato de la tecnología, para preguntarse, en definitiva, qué tipo de futuro queremos construir.