04/06/2026 – En el regreso del ciclo Las Maravillas de la Creación, ahora en el programa «Solo por Hoy», el doctor en Astronomía Gabriel Ferrero compartió cómo la exploración científica puede convertirse en un camino de contemplación, reflexionó sobre la permanente búsqueda humana de sentido y analizó los avances de la misión Artemis, que busca abrir una nueva etapa en la exploración lunar y espacial.
Hay preguntas que acompañan al ser humano desde siempre: ¿Quiénes somos? ¿Por qué existe el universo? ¿Qué lugar ocupamos en la creación? ¿Qué nos dice Dios a través de la inmensidad del cosmos?
Ferrero recordó que sus primeras preguntas profundas surgieron de manera espontánea cuando tenía apenas trece años. Mientras caminaba de regreso del colegio comenzó a preguntarse por el sentido de la existencia, una inquietud que con los años se fue profundizando.
Según explicó, esta experiencia no es excepcional. Muchas personas, especialmente durante la adolescencia e incluso en la niñez, descubren preguntas existenciales que brotan naturalmente y que luego acompañan toda la vida.
Aquellas inquietudes lo llevaron a estudiar Física y posteriormente Astronomía. Lo que comenzó como curiosidad terminó convirtiéndose en una auténtica pasión por comprender cómo funciona el universo.
Uno de los momentos más profundos de la entrevista llegó cuando Ferrero relató una experiencia personal vivida durante sus años de estudio.
Mientras reflexionaba sobre la estructura íntima de la materia —átomos, partículas elementales y campos físicos— experimentó una sensación inesperada: descubrir que aquello que percibimos como sólido y estable está constituido en gran parte por vacío y realidades invisibles.
Esa constatación despertó una búsqueda que continúa hasta hoy.
“Llevo casi cuarenta años tratando de entender”, confesó, explicando que siempre siente que existe algo más profundo que todavía no logra alcanzar completamente.
En ese punto aparece una intuición que une ciencia y fe:
“¿No será que ese misterio que estoy buscando es Dios?”, se pregunta con frecuencia.
Lejos de considerar incompatibles ambas dimensiones, Ferrero afirmó que la búsqueda científica y la búsqueda espiritual se complementan mutuamente. El deseo de comprender el universo y el deseo de encontrarse con Dios forman parte de una misma aventura humana.
La segunda parte del programa estuvo dedicada a analizar los avances del programa Artemis.
Ferrero explicó que el principal logro de este proyecto no es una misión aislada, sino la existencia de un plan sostenido a largo plazo para establecer una presencia estable en la Luna y preparar futuras exploraciones más lejanas, incluso hacia Marte.
A diferencia de las históricas misiones Apolo, Artemis forma parte de una estrategia continua que contempla varias etapas futuras.
Entre los aspectos científicos más importantes destacó los estudios realizados sobre los efectos del espacio en el cuerpo humano. La radiación, el aislamiento prolongado y la convivencia en espacios reducidos son factores fundamentales para planificar viajes tripulados de larga duración.
También resaltó una innovación técnica significativa: la utilización de trayectorias que aprovechan de manera más eficiente la gravedad de la Tierra y la Luna, permitiendo reducir el consumo de combustible durante los viajes espaciales.
Aunque podría parecer que la Luna ya ha sido suficientemente estudiada, Ferrero aseguró que aún existen numerosos interrogantes por resolver.
Uno de los más importantes es la posible presencia de hielo en cráteres cercanos al polo sur lunar. La existencia de agua sería un recurso fundamental para cualquier futura base humana en nuestro satélite natural.
Además, recordó un fenómeno observado recientemente por astronautas: partículas de polvo lunar que parecen elevarse cuando reciben la luz solar. Aunque todavía no se comprende completamente el mecanismo que lo provoca, podría tener gran relevancia para futuras instalaciones permanentes en la superficie lunar.
Como suele ocurrir en la ciencia, cada respuesta abre nuevas preguntas.
“Hay más cosas que no sabemos que las que sabemos”, resumió el conductor del programa, una afirmación con la que Ferrero coincidió plenamente.
Hacia el final de la conversación surgió una reflexión que resume el espíritu de este ciclo.
Ferrero recordó las palabras del astronauta Victor Glover durante la misión Artemis. Mientras observaba la Tierra desde el espacio, el astronauta señaló que, en medio de los grandes misterios del cosmos, existe uno que nunca debemos olvidar: el amor.
Glover vinculó esa experiencia con el mandamiento de amar a Dios y al prójimo, recordando además la responsabilidad de cuidar nuestro planeta, esa “nave espacial” compartida que todos habitamos.
Quizás allí se encuentre una de las enseñanzas más profundas de la exploración espacial: cuanto más lejos llega nuestra mirada, más valor descubrimos en aquello que tenemos cerca.
Porque la verdadera maravilla no está solamente en las galaxias lejanas, sino también en la capacidad humana de asombrarse, buscar la verdad y abrirse al misterio de Dios presente en toda la creación.