18/03/2026 – La región del Chaco Salteño atraviesa una situación crítica debido a la histórica crecida del río Bermejo, que ha avanzado varios kilómetros hacia zonas habitadas, afectando duramente a la localidad de Coronel Juan Solá, conocida popularmente como Estación Morillo.
Este fenómeno, que golpea con fuerza al departamento de Rivadavia en el este de Salta, ha dejado a numerosas comunidades rurales y parajes aislados, donde actualmente el único medio de acceso posible es mediante lanchas.La magnitud del desborde ha sorprendido incluso a los pobladores más antiguos.
El padre Martín Alarcón, párroco de la Parroquia San Lorenzo de Morillo, describe la gravedad del escenario actual comparándolo con registros de décadas pasadas: «Hay que llegar a cada familia lo que está produciendo este desborde del río Bermejo, que hace casi 40 años, me dice la gente que no sucede algo así para esta zona… incluso en lugares altos el agua ha llegado, ha destruido casas, hay muchas pérdidas de animalitos de lo que vive la gente, de lo que cuida para vivir y de lo que cría también para poder vender y sobrevivir, subsistir, porque la tierra de Morillo es dura, no produce casi nada, el agua es salada, entonces cuesta mucho y viven sobre todo de la cría de animales».
Un territorio extenso y vulnerable
La jurisdicción parroquial abarca unos 11,000 km² y alberga a cerca de 15,000 habitantes, compuestos por una mezcla de comunidades criollas y pueblos originarios, principalmente de la etnia Wichí. La vulnerabilidad de la zona no solo responde al clima, sino también a una infraestructura precaria y una ubicación geográfica que los mantiene a cientos de kilómetros de los centros urbanos más cercanos.Al referirse a la dureza de la vida en esta región, considerada una de las más pobres del país, el padre Alarcón señala: «Es todo zona rural, es la zona quizás más pobre de la provincia y quizás también todo el Chaco Salteño es una de las zonas más pobres del país prácticamente. La gente vive de los animalitos, de los cabritos, las ovejas, algunos del ganado vacuno, pero son familias siempre que crían y cuesta mucho también a veces para sacarlos para vender. Es una zona difícil, de por sí una vida dura y que está lejos de todo».
El impacto humano y la asistencia
Al menos 80 familias de la costa del Bermejo enfrentan obstáculos severos para abastecerse y transportarse, con el temor latente de que la recurrencia de estos fenómenos pueda hacer desaparecer a Morillo. Actualmente, el gobierno asiste con bolsones de víveres mediante helicópteros y lanchas, mientras se establecen centros de evacuación para resguardar a quienes han quedado aislados.Más allá de la urgencia inmediata, el padre Alarcón advierte sobre los desafíos que vendrán cuando el agua finalmente baje: «Seguramente que después va a necesitar camas, chapas porque cuando regresen… ollas, platos, todo, aunque sean viejitos, a veces vienen bien para la zona porque es el campo. Y bueno, seguramente también esos sueros antiofíricos que yo decía que tienen que prever para la zona porque al ser todo campo después las víboras están al día. Se ponen bravas».
Para quienes deseen colaborar con la comunidad de Morillo, se han habilitado canales a través de Cáritas Diocesana de Orán y cuentas de ayuda directa para canalizar las donaciones de elementos materiales y recursos económicos