Hijos o trofeos: el riesgo oculto en las separaciones

jueves, 12 de febrero de 2026

12/02/2026 – Cuando una pareja se separa, la crisis es de los adultos. Pero muchas veces quienes quedan en el medio son los hijos. En el ciclo “Buscadores de sentido”, la licenciada en Psicología y logoterapeuta Patricia Farías abordó un tema delicado y urgente: cómo evitar que los hijos se conviertan en “trofeos” en medio de una separación conflictiva.

Una crisis que atraviesa a todos

Nadie proyecta una familia pensando en la ruptura. Cuando la separación llega, el dolor es compartido: padres, hijos, hermanos. Sin embargo, los niños y adolescentes suelen quedar atrapados en una dinámica que no les corresponde.

A veces incluso son ellos quienes piden a sus padres que tomen una decisión porque ya no soportan más la pelea constante.

“La crisis la atraviesan todos, pero el niño necesita seguir siendo niño”, explicó Farías.

Competencia afectiva: cuando el amor se confunde

Uno de los riesgos más frecuentes es la competencia entre los padres:
¿Con quién quiere estar? ¿Quién lo hace más feliz? ¿Quién le compra más cosas?

Patricia compartió un ejemplo concreto: un padre que, tras la separación, intenta llenar el vacío con regalos costosos. Sin embargo, el niño expresa algo muy distinto:

“Yo no quiero que me compre cosas. Quiero que me hable y me pida disculpas”.

El corazón infantil no necesita objetos. Necesita presencia, diálogo y coherencia.

Normas, límites y amor verdadero

En el intento de “ganarse” el cariño del hijo, algunos padres eliminan normas: horarios flexibles, ausencia de límites, permisos sin responsabilidad.

Pero ese aparente beneficio tiene consecuencias profundas.

Sin normas no hay estructura, y sin estructura crece la frustración y el vacío.

El amor auténtico educa, acompaña y pone límites saludables. Competir por el afecto desorienta y lastima.

Las consecuencias emocionales

La separación conflictiva puede impactar en el rendimiento escolar, en la conducta y en la estabilidad emocional.

Muchos niños manifiestan el dolor a través de:

  • Dispersión o falta de concentración
  • Agresividad o ansiedad
  • Bajo rendimiento académico

Su atención deja de estar en el aula para centrarse en preguntas que no deberían cargar:
¿Quién me va a recibir hoy? ¿Van a volver a pelear?

¿Determina el futuro afectivo?

¿Un niño que crece en un hogar conflictivo repetirá esa historia?

Patricia fue clara: “No hay determinantes, hay condicionantes”.

La historia influye, pero no determina. Cada persona conserva la libertad de elegir cómo amar y cómo vincularse en el futuro. Aquí aparece un concepto central de la logoterapia: la libertad interior.
Puedo reconocer mi herida, sanarla y decidir no repetirla.

El perdón como camino de libertad

Sanar implica hacer consciente la propia historia y trabajar el perdón. No como olvido ingenuo, sino como decisión madura que libera. Perdonar a los padres por lo vivido no inhabilita para construir una familia sana. Al contrario: abre la posibilidad de elegir distinto.

La fe como sostén en el naufragio

Patricia utilizó una imagen sencilla pero profunda: como un tambor de lavarropas reciclado que se transforma en lámpara, lo que parecía descartado puede adquirir un nuevo sentido.

En medio del naufragio, la fe se convierte en remo. No elimina el dolor, pero permite atravesarlo con esperanza. Porque, como recordó citando al Papa Francisco: “Nadie se salva solo”.

Proteger a los hijos: claves concretas

  • No exponerlos a discusiones agresivas.
  • No hacerlos mediadores del conflicto.
  • Mantener normas coherentes en ambos hogares.
  • Escuchar lo que sienten sin manipular sus emociones.
  • Permitirles seguir siendo niños.

La crisis es de los adultos. La responsabilidad también.