04/02/2026 – La renuncia de Marco Lavagna a la dirección del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) ha generado un fuerte impacto en el escenario económico y político. El funcionario, que había sido ratificado por la actual gestión de Javier Milei tras desempeñarse durante el gobierno anterior, dejó su cargo argumentando diferencias en los criterios técnicos para la elaboración del Índice de Precios al Consumidor (IPC). Este alejamiento se produce en un momento sensible, donde la desaceleración de la inflación es el principal activo político del oficialismo, lo que ha despertado suspicacias sobre una posible manipulación de las cifras oficiales.
Para el economista y consultor Diego Dequino, la situación debe entenderse bajo una premisa estructural: la falta de independencia del organismo respecto al poder de turno. Dequino señala que el titular del INDEC es, en esencia, un funcionario político y no alguien que accede por concurso. Al respecto, sostiene que las intervenciones en las estadísticas no son una novedad en la historia argentina y recuerda casos previos como los de los años ’90s o la gestión de Guillermo Moreno, donde se buscaron «remediar narrativas» mediante cambios metodológicos.
La principal controversia técnica radica en la postergación de la nueva canasta de consumo, que data de 2017 y debería haber reemplazado a la actual, basada en encuestas del año 2004. Dequino explica que el gobierno prefiere mantener la medición vieja mientras avanza con el retiro de subsidios en servicios públicos. Según el experto, «el gobierno tiene un argumento razonable: espera que se manifiesten los precios de los servicios públicos y veamos cómo queda la canasta», evitando así que un cambio de termómetro en plena «infección inflacionaria» distorsione los objetivos de su política económica.
A pesar de la desaceleración registrada en los últimos meses, Dequino advierte que el problema de fondo persiste. Utilizando una analogía médica, señala que aunque la «fiebre» haya bajado de 42 a 37 grados, el paciente sigue enfermo. «Argentina sigue con la infección de la inflación. Esta es la realidad», afirma, a la vez que proyecta que el índice para este año difícilmente perfore los 20 puntos, mostrando un panorama menos optimista que las metas plasmadas en el presupuesto oficial.
Más allá de los porcentajes, la preocupación central se desplaza hacia la economía real y el enfriamiento del consumo interno. Dequino observa que el proceso de «sinceramiento de precios relativos» —tarifas que suben por encima del promedio para cubrir costos de producción— golpea de forma desigual a la población. En este contexto, considera que el desafío del gobierno en los próximos meses no será solo bajar la inflación al 1% mensual, sino evitar que la actividad económica se desplome definitivamente.
Finalmente, el economista recomienda una «extrema prudencia» para las familias y las pymes en este 2026. Advierte sobre las tasas de interés en niveles muy elevados y la necesidad de gestionar stocks y deudas con cautela. Con un mercado laboral donde solo 11 millones de personas tienen aportes formales de una población de 46 millones, Dequino concluye que el país transita un ajuste de distorsiones acumuladas durante años, un proceso que, según sus palabras, «lamentablemente produce consecuencias, a veces buscadas y otras no».
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