09/02/2026 – ¿La inteligencia artificial puede ayudarnos a educar mejor o corre el riesgo de profundizar dependencias, desigualdades y pérdida de pensamiento crítico? En el ciclo “Un mundo artificial, ¿una sociedad más humana?”, Gustavo Béliz propone una reflexión serena y profunda sobre el vínculo entre inteligencia artificial y educación, lejos de miradas simplistas o extremas.
Gustavo Béliz, miembro permanente de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales del Vaticano y director del Atlas de inteligencia artificial para el desarrollo humano de América Latina y el Caribe, abordó en Radio María uno de los debates más sensibles de nuestro tiempo: la IA en el aula.
Desde el inicio, planteó el eje central: la inteligencia artificial tiene luces y sombras, y solo puede ser comprendida si el ser humano permanece en el centro.
Para entender el impacto real de la IA, Béliz propuso partir de la realidad concreta de nuestros sistemas educativos:
Este contexto condiciona cualquier incorporación tecnológica. La inteligencia artificial no actúa en el vacío.
Uno de los conceptos clave retomados del Atlas es el de estanflación cognitiva:
Nunca hubo tanto contenido disponible, pero eso no garantiza comprensión, profundidad ni sentido. Como sucede con la comida ultraprocesada, se consume mucho, pero se nutre poco.
Béliz recordó que varios países —como España, Francia y Australia— ya están imponiendo límites al uso de redes sociales en jóvenes, debido a los efectos negativos detectados en:
La inteligencia artificial puede potenciar estos riesgos si no se la integra con criterio pedagógico y ético.
Lejos del rechazo total, Béliz subrayó oportunidades concretas:
Se estima que muchos docentes destinan hasta un día por semana a tareas administrativas. La IA puede liberar ese tiempo para lo verdaderamente educativo: el vínculo humano.
Eso sí, aclaró con firmeza: la inteligencia artificial no reemplaza al docente ni convierte al aula en un espacio automático.
Uno de los datos más contundentes es la prioridad de la formación docente. En Argentina, más del 70 % considera urgente capacitar a los educadores en el uso de IA.
No existen “balas de plata”:
Dar IA sin capacitación es, en palabras de Béliz:
“como entregar una Ferrari a alguien que no sabe manejar”.
Un estudio regional citado mostró que las habilidades más demandadas por los empleadores no son solo técnicas, sino:
La inteligencia artificial puede acelerar tareas, pero no sustituye la comprensión humana, algo que quedó claro en estudios recientes sobre programación asistida por IA.
Béliz analizó un estudio reciente de la empresa Anthropic que sacudió los mercados financieros. Los resultados fueron reveladores:
Quienes no usaban IA detectaban mejor los errores. La “caja negra” algorítmica puede facilitar resultados, pero empobrecer la comprensión profunda.
Esto confirma que:
cuanto más sofisticadas sean las máquinas, más necesarios serán los ingenieros y educadores humanos.
Una nota reciente de The Economist abrió un debate clave:¿las aplicaciones educativas con IA mejoran realmente el aprendizaje o solo generan ganancias empresariales?
Tras analizar más de 11 metaanálisis, la conclusión es clara:todo depende de cómo se implementa la tecnología.
El Plan Ceibal de Uruguay fue citado como ejemplo positivo por combinar:
Otro punto decisivo:
la calidad de la respuesta depende de la calidad de la pregunta.
Si la inteligencia artificial “come basura, vomita basura”.El pensamiento crítico previo del alumno y del docente es determinante.
La IA no es un poder ciego: requiere diálogo, intención y participación humana.
Béliz advirtió sobre los riesgos de una gamificación mal entendida. Usó una metáfora clara:mirar una pantalla con ejercicios no reemplaza hacer ejercicio en el gimnasio.
Sin esfuerzo, sin preparación docente y sin participación activa, la tecnología debilita el aprendizaje en lugar de fortalecerlo.
Citando al neurocientífico Horvat, Béliz resumió tres ideas fuertes:
Todo lo demás es accesorio.
Béliz recordó el espíritu reformador de Sarmiento y lo vinculó con un desafío actual: no copiar modelos, sino empoderar a nuestros docentes.
Y cerró con una frase del beato San Luis Orione, escrita hace casi un siglo y sorprendentemente actual:
“No les encomiendo las máquinas, les encomiendo las almas.”
Educar no es formar usuarios de tecnología, sino corazones, conciencias y personas.