¿Inteligencia artificial para la guerra o para la paz? El gran dilema de nuestro tiempo

lunes, 9 de marzo de 2026

10/03/2026 – En el ciclo radial “Un mundo artificial, ¿una sociedad más humana?”, el especialista Gustavo Béliz, miembro permanente de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales del Vaticano, reflexionó sobre uno de los dilemas más inquietantes de nuestro tiempo: el uso de la inteligencia artificial en los conflictos bélicos.

La pregunta que atraviesa el debate es profunda y urgente: ¿la inteligencia artificial será una herramienta para la guerra o para la paz?

Según Béliz, el momento actual revela un escenario preocupante. “Estamos viviendo una especie de situación distópica, todo lo contrario a lo que tendría que ser un uso apropiado para el desarrollo humano”, advirtió. Frente a este contexto, señaló que las enseñanzas de la Doctrina Social de la Iglesia ofrecen criterios clave para orientar el desarrollo tecnológico.

Para iluminar el presente, el especialista evocó el pensamiento de San Juan XXIII y su histórica encíclica Pacem in Terris. Allí el Papa afirmaba que “ni el cese de la carrera de armamentos ni el desarme general son posibles si ese desarme no llega también a las conciencias”.

A partir de esta idea, Béliz planteó una reflexión central para el tiempo actual: antes de pensar en una inteligencia artificial con conciencia, el ser humano debe recuperar su propia responsabilidad moral.

“El problema no es si la inteligencia artificial tendrá conciencia —explicó—. Lo que tiene que tener conciencia es el ser humano antes que nada”.

Un “concilio científico” para la inteligencia artificial

Ante el avance acelerado de estas tecnologías, Béliz propuso la necesidad de crear una instancia global de reflexión y regulación. “Así como Juan XXIII convocó al Concilio Vaticano II, el mundo necesita urgentemente un concilio científico para la inteligencia artificial, un consejo científico humanista que establezca límites y orientaciones”, afirmó. En este sentido, recordó que Naciones Unidas ya comenzó a dar algunos pasos al crear un consejo científico internacional que analizará la evolución de la inteligencia artificial y propondrá “líneas rojas que no deberían traspasarse”.

Pero el especialista subrayó que esta tarea no puede quedar solo en manos de expertos tecnológicos. Debe involucrar también a trabajadores, empresarios, gobiernos y sociedad civil. “La inteligencia artificial es demasiado importante como para dejarla solo en manos de los tecnólogos”, explicó.

Límites para evitar riesgos globales

Béliz recordó que la humanidad ya ha demostrado en el pasado que es capaz de establecer límites frente a tecnologías peligrosas.

Existen antecedentes concretos como:

  • el Protocolo de Montreal, que logró reducir el deterioro de la capa de ozono
  • los tratados internacionales sobre armas biológicas
  • las regulaciones que prohíben la clonación humana reproductiva

Estos ejemplos muestran que la comunidad internacional puede ponerse de acuerdo cuando está en juego la supervivencia de la humanidad. “El ser humano es capaz de ponerse límites cuando su existencia está en riesgo”, afirmó. Sin embargo, advirtió que hoy existe un enorme vacío regulatorio en el campo de la inteligencia artificial.

La carga de la prueba

Uno de los puntos más críticos, explicó Béliz, es que actualmente los sistemas de inteligencia artificial se lanzan al mercado sin controles previos equivalentes a los que existen en otros ámbitos. “Cuando uno compra un medicamento, hay pruebas previas y organismos que certifican que no es dañino. Con la inteligencia artificial eso no ocurre”, explicó. Por eso planteó que debería invertirse la lógica actual. “La carga de la prueba debería recaer en quienes desarrollan estas tecnologías. Ellos deberían demostrar que sus modelos no pueden provocar daños graves para la humanidad”.

IA y el riesgo de nuevas guerras

El entrevistado también advirtió sobre la creciente relación entre las grandes empresas tecnológicas y el complejo militar-industrial. Hoy existen drones autónomos, sistemas de selección automática de objetivos y tecnologías que permiten tomar decisiones en cuestión de segundos. En algunos escenarios de guerra, explicó, la inteligencia artificial ha reducido tiempos de respuesta que antes tardaban 40 minutos a apenas 40 segundos.

Esto abre dilemas éticos profundos. “En lugar de pensar en robots que hagan más llevadero el trabajo humano, estamos pensando en robots capaces de matar”, alertó. Según Béliz, este giro representa un enorme retroceso en términos de humanidad.

¿Puede la inteligencia artificial superar al ser humano?

Otro dato relevante surge de los llamados “tests de humanidad” aplicados a los sistemas de inteligencia artificial. Estos exámenes consisten en más de 2500 preguntas complejas en más de 100 disciplinas, elaboradas por expertos académicos. Los primeros modelos apenas lograban resolver entre 3% y 10% de las preguntas. Hoy, algunos sistemas alcanzan casi el 50% de eficacia, e incluso superan al ser humano en áreas como programación o matemáticas. Este avance, señaló Béliz, plantea desafíos enormes para el futuro del trabajo, la educación y la organización social.

La última decisión debe ser humana

Uno de los consensos que comienza a emerger en los debates internacionales es que la última decisión en el uso de armas debe permanecer en manos humanas. El problema es que cada vez más sistemas de inteligencia artificial operan de manera autónoma. Además, muchas operaciones militares se realizan desde centros de control donde los operadores interactúan con pantallas que se asemejan a videojuegos.

Sin embargo, detrás de esas imágenes hay consecuencias reales. “El margen de error no es lo mismo en un juego que en la vida real. En última instancia, mueren personas reales”, recordó.

La diplomacia como camino para la paz

Para cerrar su reflexión, Béliz retomó la figura de San Francisco de Asís, recordando su papel como constructor de paz y diplomático en tiempos de conflictos. En un contexto global marcado por tensiones geopolíticas y nuevas tecnologías militares, el especialista invitó a recuperar el espíritu de la diplomacia y la búsqueda del bien común. Y concluyó compartiendo la conocida oración atribuida al santo:

“Señor, haz de mí un instrumento de tu paz. Donde haya odio, ponga yo amor; donde haya discordia, ponga yo unión; donde haya error, ponga yo verdad…»

En un mundo atravesado por la revolución tecnológica, el desafío es claro: poner la inteligencia artificial al servicio del desarrollo humano y no de la destrucción.