02/03/2026 – Cada vez más familias advierten que algo no está bien. El uso desmedido de la tecnología —especialmente en niños y adolescentes— está generando cuadros preocupantes de adicción y deterioro emocional. En el ciclo “Un mundo artificial, ¿una sociedad más humana?”, Gustavo Béliz, miembro permanente de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales del Vaticano, puso el tema sobre la mesa sin rodeos: “Hoy la inteligencia artificial está siendo considerada en muchos tribunales como un tema de salud pública. No es solamente un tema tecnológico.” La afirmación no es menor. Cambia el eje del debate.
En Los Ángeles se desarrolla un juicio histórico contra Mark Zuckerberg, fundador de Meta. Pero lo que se discute no es solo el contenido dañino que circula en redes sociales. La pregunta es más profunda: “Lo que se está discutiendo es si las plataformas, por diseño, generan adicción.” Béliz estableció un paralelismo inquietante con la industria tabacalera del siglo XX. Durante años, las empresas negaron la evidencia científica hasta que debieron reconocer el daño del cigarrillo. “La inteligencia artificial tiene muchísimas reminiscencias con lo que ocurrió con la industria del tabaco.” Hoy cada paquete de cigarrillos lleva advertencias sanitarias. Las plataformas digitales, no.
No se trata solamente de contenidos nocivos. Se trata del diseño mismo.
Scroll infinito.Likes como recompensa emocional.Notificaciones constantes.Contenido efímero que activa el miedo a perderse algo (FOMO).
“Estamos viviendo una verdadera república de la dopamina.”
La expresión es contundente. El problema es neurológico: el cerebro adolescente todavía no tiene plenamente desarrollada la corteza prefrontal, responsable del control de impulsos. El sistema límbico —centro de recompensas— queda más expuesto. No es simplemente falta de voluntad. Es vulnerabilidad biológica frente a un sistema diseñado para capturar atención.
La industria del videojuego, que dio origen a desarrollos tecnológicos que luego impulsaron la IA generativa, es ambivalente.
Puede educar.Puede motivar.Puede gamificar el aprendizaje.
Pero también puede generar dependencia.
La World Health Organization ya reconoce la adicción a videojuegos como trastorno de salud mental. Béliz citó además estudios publicados en The Lancet, que advierten sobre el impacto sistémico del juego online:
“El juego online es un problema de adicción y de salud mental. Es un problema de salud pública.” La advertencia es clara.
Otro punto clave fue el uso de IA en las aulas. El caso del estado de Utah —que invirtió cientos de millones de dólares en tecnología educativa sin obtener mejoras claras en rendimiento— demuestra que no hay automatismos. “Es un error pensar que la inteligencia artificial introducida sin más en las aulas puede convertirse en una herramienta mágica.” Sin formación docente, sin acompañamiento familiar y sin límites claros, la tecnología puede profundizar el problema que intenta resolver.
Para cerrar, Béliz evocó a Dymphna, patrona de la salud mental. Su historia, marcada por el sufrimiento y el exilio, dio origen en la ciudad belga de Geel a un modelo comunitario de acompañamiento a personas con trastornos mentales, reconocido por la UNESCO.
No aislamiento.No exclusión.Sino comunidad.
“Cuando hay comunidad organizada, cuando hay tejido social, cuando hay acompañamiento familiar, estos temas se pueden resolver de un modo humanístico.”
La frase del Papa Francisco apareció naturalmente en la conversación: “Nadie se salva solo.” La crisis de salud mental vinculada al diseño digital exige responsabilidad en varios niveles:
Pero también exige discernimiento espiritual. Porque, como advirtió el entrevistado en un cierre que amplía el horizonte: “La guerra es una manera de locura colectiva. Pensar que los problemas mundiales se resuelven con violencia es una forma de locura organizada.”
La salud mental no es un asunto individual aislado.Es una cuestión cultural, ética y comunitaria.
La inteligencia artificial puede ser herramienta de desarrollo humano integral.O puede convertirse en una nueva forma de esclavitud invisible.
La decisión no es técnica.Es profundamente humana.