15/06/2026 – En el ciclo “Un mundo artificial, ¿una sociedad más humana?”, el especialista Gustavo Béliz invitó a reflexionar sobre una pregunta fundamental: qué estamos construyendo como humanidad con el desarrollo acelerado de la inteligencia artificial.
Tomando como inspiración la figura del laberinto, tan presente en la obra de Jorge Luis Borges, Béliz señaló que la tecnología actual nos enfrenta a caminos que pueden conducir tanto al florecimiento humano como a nuevas formas de dominación y pérdida de sentido.
“La pregunta básica que hay que hacerse es: ¿qué estamos construyendo?”, destacó al citar uno de los planteos centrales de la encíclica Magnífica Humanitas.
El laberinto tecnológico y la necesidad de contemplar
Para explicar este desafío, Béliz recurrió a la experiencia espiritual de los laberintos medievales y a las enseñanzas del sacerdote franciscano Richard Rohr.
Según explicó, frente a una cultura marcada por la velocidad, la distracción permanente y la hiperconectividad, la contemplación aparece como una capacidad esencial para mirar la realidad con profundidad. “La contemplación es ver más allá de una simple mirada distraída y lograr ver en profundidad”, señaló. Y agregó una idea especialmente significativa: solo el amor y el sufrimiento permiten alcanzar esa mirada profunda capaz de orientarnos en medio de la complejidad tecnológica.
Paz, verdad y confianza: las brújulas para salir del laberinto
Uno de los ejes más destacados de la entrevista fue el análisis de las palabras más repetidas en la encíclica de León XIV. Béliz explicó que la palabra “paz” aparece 87 veces y constituye una respuesta directa frente a una inteligencia artificial orientada a la guerra y a la destrucción. La encíclica, afirmó, debe entenderse más como una gran carta moral para construir una cultura de la paz que como un documento técnico sobre tecnología.
La segunda palabra más repetida es “verdad”, mencionada 69 veces. En un contexto donde proliferan noticias falsas, manipulaciones digitales y contenidos engañosos, el Papa recuerda que la verdad no es algo para monopolizar sino un don para compartir.
La tercera palabra clave es “confianza”. Para Béliz, sin confianza resulta imposible sostener una cultura democrática, la convivencia social o incluso las relaciones humanas más básicas. “Si no sabemos si lo que nos llega es verdadero o falso, destruimos las bases de convivencia”, advirtió.
Lo que la inteligencia artificial nunca podrá ser
Otro de los aspectos más profundos de la reflexión fue la distinción entre inteligencia artificial e inteligencia humana. Béliz destacó que la encíclica recuerda algo fundamental: las máquinas pueden procesar información, pero no poseen experiencia humana.
“No sienten alegría ni dolor, no maduran a través de las relaciones y no conocen desde dentro lo que significa el amor, el trabajo, la amistad o la responsabilidad”, citó del documento pontificio.
Tampoco tienen conciencia moral ni pueden asumir responsabilidad por las consecuencias de sus actos. Allí radica, según explicó, la diferencia antropológica esencial entre una máquina y una persona.
La regulación comienza a abrirse paso
Durante la entrevista, Béliz también se refirió al creciente impacto internacional de la encíclica.
Explicó que distintos gobiernos y empresas tecnológicas comenzaron a debatir regulaciones y mecanismos de control para modelos avanzados de inteligencia artificial que podrían generar riesgos importantes para la seguridad global. “Comienza a haber regulación. Hasta ahora la regulación parecía una mala palabra”, afirmó.
Según señaló, algunas compañías incluso decidieron frenar desarrollos hasta garantizar niveles adecuados de seguridad para evitar consecuencias catastróficas.
La justicia social no puede dejarse para el final
Béliz insistió además en que la ética y la justicia social deben estar presentes desde el diseño mismo de las tecnologías. “No se puede dejar la justicia social ni la ética para los postres de la inteligencia artificial. Tiene que ser el primer plato”, expresó.
Esta afirmación apunta a evitar que las decisiones tecnológicas queden exclusivamente en manos de intereses económicos o monopólicos sin considerar sus consecuencias sociales.
Nadie sale solo del laberinto
Otro de los mensajes centrales fue la importancia de la participación comunitaria. El especialista advirtió sobre los riesgos de que unas pocas empresas definan el rumbo de tecnologías que afectan a toda la humanidad y reclamó mayor transparencia en los procesos de desarrollo y regulación. “Nadie encuentra la salida del laberinto solo”, afirmó durante la conversación.
Por eso defendió la necesidad de un diálogo abierto entre gobiernos, científicos, organizaciones sociales, empresas y comunidades.
La inteligencia social antes que la inteligencia artificial
Hacia el final de la entrevista, Béliz propuso una idea que sintetiza buena parte de su reflexión: la necesidad de fortalecer la inteligencia social antes que la inteligencia artificial. “Las sociedades colapsan por mala organización y por carencia de amistad social, no por la tecnología”, sostuvo.
La tecnología puede ayudarnos a crecer y a encontrarnos mejor con los demás, pero también puede aislarnos y fragmentarnos si se utiliza sin discernimiento.
Por eso concluyó que el verdadero desafío no es tecnológico sino humano: construir una sociedad donde el amor, la verdad, la confianza y la justicia orienten el desarrollo de las herramientas que creamos.