Inteligencia artificial y trabajo: el desafío del pacto social tecnológico

lunes, 18 de mayo de 2026

18/05/2026 – En el ciclo “Un mundo artificial, ¿una sociedad más humana?”, el especialista Gustavo Béliz reflexionó sobre el impacto de la inteligencia artificial en la vida cotidiana, el mundo laboral y las relaciones humanas. Desde la Universidad Católica Argentina, donde participó de un conversatorio sobre inteligencia artificial en América Latina, propuso una mirada esperanzadora y equilibrada frente a los cambios tecnológicos.

Durante la jornada también participaron especialistas como Carlos Regazzoni y Jorge Arias, quienes abordaron cuestiones vinculadas al impacto educativo, filosófico y cognitivo de la inteligencia artificial.

Béliz destacó además la expectativa generada por la próxima encíclica de Pope Leo XIV sobre inteligencia artificial, titulada Magnífica Humanitas, que será publicada el 25 de mayo y que buscará profundizar la relación entre fe, tecnología y dignidad humana. “Los seres humanos podemos mejorar con este tipo de herramientas y no deteriorarnos en una desigualdad cognitiva”, afirmó.

No perder la paz interior ni la libertad

Uno de los ejes más profundos de la reflexión fue el impacto invisible de la inteligencia artificial sobre la conciencia y las conductas humanas.

Béliz advirtió que la tecnología no solo transforma la producción o la economía, sino también la manera de pensar, de relacionarse y de percibir el mundo. “No nos tiene que hacer perder la paz interior ni la libertad interior”, expresó, retomando una reflexión compartida recientemente en la Academia Pontificia de Ciencias Sociales.

En este sentido, insistió en la necesidad de mantener un equilibrio entre el uso positivo de las herramientas digitales y la preservación de la autonomía humana.

La alfabetización algorítmica como nuevo desafío

Otro de los temas centrales fue la importancia de la alfabetización en inteligencia artificial. Según explicó, no alcanza con aprender a utilizar herramientas tecnológicas: es necesario comprender sus consecuencias, riesgos y posibilidades. “La alfabetización puede generar mayor pobreza cognitiva si usamos inteligencia artificial que no ayude a los chicos a pensar no solo más sino mejor”, señaló.

Al mismo tiempo, destacó que la inteligencia artificial también puede fortalecer la enseñanza si se utiliza para hacer más creativas e innovadoras las experiencias educativas.

El rol del docente, aclaró, sigue siendo fundamental. La tecnología no debe reemplazarlo, sino potenciar su capacidad pedagógica.

Entre el miedo y la ingenuidad

A lo largo de la conversación, Béliz insistió en evitar tanto el “fatalismo apocalíptico” como el optimismo ingenuo frente a la inteligencia artificial. “No tenemos que caer en una suerte de psicosis histérica con respecto a la inteligencia artificial”, afirmó.

La clave está en discernir qué aplicaciones realmente mejoran la vida de las personas y cuáles pueden generar dependencia, manipulación o aislamiento.

Por eso propuso “parar la pelota”, analizar cada situación concreta y evitar quedar atrapados en el vértigo permanente de las novedades tecnológicas.

Las ciudades inteligentes y el impacto en la vida cotidiana

El especialista también se refirió al encuentro internacional Smart Cities que se desarrollará en Santiago del Estero, donde se debatirá cómo la inteligencia artificial puede mejorar la vida urbana.

Entre las aplicaciones concretas mencionó:

  • control inteligente del transporte
  • gestión de residuos
  • monitoreo ambiental
  • detección de baches
  • optimización del presupuesto público
  • herramientas educativas y de seguridad

Sin embargo, aclaró que junto a la ciudad física existe también una “ciudad invisible”: la que se forma en la mente y en la conciencia a través de redes sociales, algoritmos y plataformas digitales. “Ese es el riesgo que la inteligencia artificial genera en nuestras conductas”, explicó.

Trabajo, productividad y pacto social tecnológico

Otro punto importante fue el impacto de la inteligencia artificial en el empleo y en los procesos productivos.

Béliz señaló que muchas empresas están incorporando inteligencia artificial sin acuerdos claros con trabajadores y supervisores, generando estrés e incertidumbre.

Como ejemplo, mencionó el caso de los programadores, que hoy son evaluados según el uso que hagan de herramientas de inteligencia artificial, incluso cuando estas todavía cometen errores importantes.

Esto demuestra, explicó, que la tecnología no puede imponerse de manera automática ni deshumanizada.

Por eso insistió en la necesidad de un “pacto social tecnológico humanista”, que permita incorporar la inteligencia artificial respetando los tiempos humanos y la dignidad de las personas. “No es algo determinista que va a ocurrir sí o sí. Está en manos de quienes decidamos a qué ritmo y de qué manera incorporar estos procesos”, afirmó.

La inteligencia artificial como herramienta de democratización

Béliz también destacó el potencial positivo de la inteligencia artificial para pequeños productores, emprendedores y jóvenes.

Según explicó, estas herramientas pueden ayudar a democratizar oportunidades, mejorar la productividad y reducir desigualdades.

Mencionó casos vinculados a la agricultura, al comercio y a la creatividad digital, donde la inteligencia artificial permite acceder a tecnologías antes inaccesibles.

Sin embargo, advirtió sobre el riesgo de generar falsas expectativas, especialmente entre jóvenes que creen que el único camino posible es convertirse en influencers o alcanzar fama inmediata en redes sociales. “La inteligencia artificial puede multiplicar habilidades y vocaciones de un modo positivo y productivo”, explicó.

El ser humano debe seguir tomando las decisiones

Para cerrar, Béliz utilizó una metáfora sencilla pero muy gráfica: comparó la inteligencia artificial con un lavarropas. Primero, explicó, las personas deben desarrollar ideas, analizar problemas y trabajar con pensamiento humano. Luego, esas ideas pueden “pelotearse” con herramientas de inteligencia artificial para enriquecerlas. Pero la decisión final siempre debe seguir siendo humana. “Puede aportar ideas que no se habían ocurrido, pero el ser humano tiene que tomar las últimas decisiones”, concluyó.