02/04/2026 – ¿Dónde nace verdaderamente la paz que tanto anhela el mundo? ¿Es solo la ausencia de conflictos o comienza mucho más cerca, en lo profundo del corazón humano?. En el programa “Solo por Hoy” de Radio María, la Hermana Marta Irigoy, religiosa consagrada, compartió una profunda reflexión espiritual en torno a Jesús como Príncipe de la Paz, invitando a redescubrir el camino del perdón, la reconciliación y la pacificación interior, especialmente en el marco del Jueves Santo y la Semana Santa.
Desde una mirada contemplativa y pastoral, la religiosa propuso volver al corazón del Evangelio para comprender que la paz cristiana no es simplemente tranquilidad exterior, sino una realidad que nace de la relación viva con Cristo.
La Hermana Marta explicó que el primer paso para construir la paz en el mundo es permitir que Cristo pacifique nuestro interior. “La invitación es primero hacer la paz en el propio corazón. En la medida que mi corazón se va pacificando, voy encontrando un modo diferente de comunicarme y de estar en mi vida cotidiana” señaló la entrevistada.
En un contexto global marcado por la violencia, las guerras y las tensiones sociales, la consagrada recordó que muchas veces la violencia también aparece en gestos cotidianos: palabras duras, miradas hirientes o actitudes defensivas. Por eso insistió en que la paz cristiana no es pasiva ni superficial, sino una paz activa que se cultiva y se protege.
Según explicó, cuando el corazón encuentra la paz de Dios, esa paz comienza a expandirse naturalmente hacia los demás:
La religiosa utilizó una imagen muy sencilla para ilustrarlo: como cuando una piedra cae en el agua y se forman ondas que se expanden, así también la paz interior irradia hacia los demás.
La Hermana Marta subrayó que la paz tiene una doble dimensión espiritual: es un regalo de Dios, pero también una responsabilidad humana.
“Podríamos decir que la paz es don y tarea”. Citando la enseñanza de San Pablo, recordó que la paz es fruto del Espíritu Santo junto con el amor y la alegría. Sin embargo, ese don necesita ser acogido y cultivado en la vida cotidiana. Esto implica revisar aquello que nos quita la paz y aprender a discernir lo que sucede dentro del corazón. “Cuando algo me quita la paz, conviene detenerse y preguntarse: ¿qué pasó desde que estaba en paz hasta ahora?” Ese discernimiento interior permite descubrir el camino que Dios propone para cada persona.
Durante su reflexión, la religiosa también compartió fragmentos de una homilía pronunciada en la Plaza de San Pedro durante el Domingo de Ramos, que presenta a Jesús como el verdadero Rey de la paz.
Un rey que no llega con poder militar ni violencia, sino con mansedumbre y humildad.
“Mientras los demás empuñan espadas, Él se ofrece como una caricia para la humanidad”.
Incluso en medio del sufrimiento de la cruz, Jesús revela un modo diferente de responder a la violencia: el amor que abraza el dolor humano.
Según explicó la Hermana Marta, esa es la razón profunda por la cual Cristo eligió el camino de la cruz: para asumir las heridas de toda la humanidad y ofrecer una paz que el mundo no puede dar.
En sus llagas, recordó, están también los sufrimientos de los hombres y mujeres de hoy: los enfermos, los que viven en soledad, quienes sufren violencia o desesperanza.
La reflexión concluyó con una invitación concreta para vivir la Semana Santa.
Seguir a Jesús significa aprender a caminar detrás de sus pasos, confiando en que Él conoce el camino incluso en medio de las tormentas de la vida.
La paz cristiana no consiste en que todo esté tranquilo, sino en saber que el corazón está sostenido por Dios.
“Cuando uno camina detrás de Jesús, la vida se va haciendo diferente, porque caminamos detrás de alguien que sabe el camino”.
En estos días santos, la Hermana Marta animó a estar atentos a los pequeños momentos donde Cristo sale al encuentro: en una celebración, una lectura del Evangelio o un gesto cotidiano.
Porque allí, muchas veces de forma inesperada, Jesús vuelve a regalarnos su paz.