Testimonio: Ser misionero en la época de la Inteligencia Artificial

martes, 26 de mayo de 2026

26/05/2026 – “Promover el espíritu y el compromiso misionero. Coordinar las iniciativas y orientar la acción de las misiones para que respondan, con estilo salesiano, a las urgencias de los pueblos a evangelizar; y asegurar la preparación específica y la actualización de los misioneros”. Esa es la misión que hoy lleva adelante el padre Jorge Mario Crisafulli como consejero general para las Misiones de los Salesianos en todo el mundo, un servicio que desarrolla luego de décadas de trabajo pastoral y misionero, especialmente en África y la Patagonia.

El sacerdote argentino participó este fin de semana en el 5° Encuentro Nacional de Grupos Misioneros realizado en Córdoba, donde compartió su testimonio y reflexionó sobre el sentido de la misión en el mundo actual. Con sencillez y humor, comenzó desarmando el apodo con el que algunos lo presentan: “Eso de ‘Don Bosco del siglo XXI’ es una hipérbole propagandística de los medios de comunicación”, dijo entre risas, y aclaró: “Don Bosco es único. A Don Bosco no le llegamos ni a los talones, pero sí queremos compartir su corazón misionero, su ardor misionero para llevar la alegría del Evangelio a todos”.

Durante la entrevista, Crisafulli explicó que su vocación nació siendo muy joven, cuando participaba de grupos misioneros salesianos. Allí comenzó a descubrir que la misión no era solamente una actividad pastoral, sino una forma concreta de vivir el Evangelio. “Yo me fui al noviciado con 17 años pensando más en ser misionero que en ser cura o salesiano. Yo decía: ‘Quiero ser misionero, quiero ir a África’, y ese fue siempre mi sueño”, recordó.

El sacerdote aseguró que su experiencia de fe estuvo profundamente marcada por el descubrimiento del amor de Dios y por el deseo de compartirlo con quienes más sufren. “La experiencia de sentirme querido por Dios yo quería llevarla a gente que no conocía a Dios, que no conocía a Jesús, para decirle: ‘Mirá, Dios realmente te ama, te ama con locura. Dios te protege, Dios cuida de ti’”, expresó. Y añadió que ese fue el eje de sus más de treinta años de misión: “Transmitir esa experiencia del amor de Dios a aquellos que son más vulnerables, que son los más pobres de nuestra humanidad”.

En ese sentido, retomó muchas de las enseñanzas del papa Francisco sobre la Iglesia en salida y el compromiso evangelizador. Para Crisafulli, el misionero es alguien que no puede quedarse encerrado en sí mismo luego de haber vivido el encuentro con Cristo. “Aquel que ha experimentado en su vida a Jesús, la fuerza de la resurrección y la alegría del Evangelio, no puede guardarse eso para sí mismo”, afirmó. Y profundizó: “No te podés guardar la fe para vos mismo. La fe se nos regala, es un don y es una tarea. Hay que entregarla. Y a medida que uno la entrega se hace más fuerte. Cuanto más la comunicamos, más fuerte se hace en nosotros”.

El salesiano también destacó la importancia de anunciar esperanza en medio de un mundo atravesado por nuevos desafíos culturales, tecnológicos y sociales. Frente a una generación muchas veces marcada por la fragilidad, el miedo o la incertidumbre, insistió en que el anuncio cristiano sigue teniendo plena vigencia porque toca lo más profundo del corazón humano: la necesidad de sentirse amado y acompañado.

Con su testimonio, el padre Jorge Crisafulli volvió a recordar que la misión no pertenece solamente a algunos consagrados o especialistas, sino que es parte esencial de la identidad de toda la Iglesia. Una Iglesia que, como repetía el papa Francisco, está llamada permanentemente a salir al encuentro, compartir la alegría del Evangelio y hacer presente el amor de Dios especialmente entre los más pobres y olvidados.