26/02/2026 – En el ciclo “Buscadores de sentido”, la licenciada en Psicología y logoterapeuta Patricia Farías analizó el fenómeno creciente de los llamados “therians” y propuso una mirada profunda desde la búsqueda de sentido, evitando simplificaciones y juicios apresurados.
En este nuevo encuentro de Buscadores de sentido, Patricia Farías, licenciada en psicología y especialista en logoterapia, abordó un fenómeno que genera desconcierto en muchos adultos: los llamados “therians”, personas que se identifican psicológica o espiritualmente con animales no humanos. Una tendencia visible en redes sociales y que despierta preguntas en familias y educadores.
Lejos de rotular o ridiculizar, la propuesta fue otra: preguntar qué necesidad hay detrás.
Desde la psicología existencial, la conducta es siempre manifestación de algo más profundo. “Hay una persona por detrás”, subrayó Patricia. Y en esa persona puede haber necesidades no satisfechas: de pertenencia, de identidad, de amor, de reconocimiento.
La pregunta no es solo “qué hacen”, sino “por qué lo hacen” y “para qué”.
La logoterapia fundada por Viktor Frankl plantea que el ser humano es un ser libre y responsable, capaz de tomar postura ante su vida. Pero esa libertad necesita orientación, palabra adulta, acompañamiento.
La adolescencia es, por definición, una etapa de búsqueda. ¿Con quién me identifico? ¿A qué pertenezco? ¿Quién soy? Farías recordó que toda generación tuvo sus expresiones identitarias: punks, emos, floggers. Sin embargo, en este caso se agrega un elemento nuevo: la autoperccepción ligada a una identidad no humana. Aquí surgen interrogantes antropológicos profundos:¿Quién es el hombre?¿Qué significa ser persona?
Desde la logoterapia se entiende al ser humano como un ser biopsico-socio-espiritual, capaz de autoconciencia, autodistanciamiento y autotrascendencia. Es decir, puede preguntarse por sí mismo y elegir su postura frente a la vida.
Si alguien afirma: “He decidido autopercibirme de esta manera”, esa decisión implica libertad. Pero toda libertad conlleva responsabilidad.
Un animal no es responsable de sus actos; el ser humano sí lo es. Allí aparece una tensión que invita a reflexionar: ¿cómo se integra esta autoperccepción con la vida concreta, el trabajo, la escuela, los vínculos cotidianos?
La coherencia entre el ser y el actuar es clave en la construcción de identidad. Cuando la expresión no puede sostenerse en todos los ámbitos de la vida, surgen nuevas preguntas.
El fenómeno se expande principalmente a través de plataformas digitales. Y aquí Patricia hizo una advertencia: si la única palabra válida es la de las redes, y no media la palabra de un adulto, educador o acompañante, el discernimiento se debilita.
No se trata de prohibir ni de naturalizar sin más. Se trata de acompañar, preguntar e investigar.
El diálogo es el primer paso.
Hasta el momento, no está catalogado como patología clínica. Pero tampoco puede analizarse superficialmente. Cada caso requiere discernimiento particular.
Detrás de ciertas conductas puede haber soledad, vacío existencial o frustración. O puede tratarse de una búsqueda de pertenencia en un contexto donde la identidad se construye muchas veces por imagen y validación externa.
Desde el análisis existencial, la pregunta de fondo es siempre la misma:¿Esto me acerca o me aleja del sentido de mi vida?
Farías insistió en evitar extremos: ni ridiculizar ni romantizar. La postura madura es comprender que detrás de toda conducta hay una persona concreta que piensa, siente y decide.
El desafío pastoral y educativo es acompañar sin prejuicio, pero con profundidad. Investigar antes de emitir sentencia. Preguntar antes de etiquetar.
Porque, como recordó el programa, el sentido no se impone: se descubre.