24/03/2026 – En el marco del Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, la sociedad argentina vuelve a detenerse para recordar uno de los períodos más dolorosos de su historia: el golpe de Estado de 1976 y el inicio de una dictadura atravesada por el terrorismo de Estado, que dejó miles de desaparecidos y una herida aún abierta en la vida democrática del país.
A 50 años de aquel quiebre institucional, la Conferencia Episcopal Argentina renovó su llamado desde una mirada autocrítica y espiritual, afirmando con claridad que es necesario decir “nunca más a la violencia de la dictadura y siempre más a una democracia justa”. En esa misma línea, subrayó que “nunca se avanza sin memoria” y que el desafío actual es construir una “memoria íntegra y luminosa”, capaz de preservar el recuerdo de las víctimas y, al mismo tiempo, iluminar el presente.
Lejos de reducirse a una conmemoración meramente ritual, distintos referentes del pensamiento histórico invitan a profundizar el sentido de esta fecha. En ese marco, dialogamos con Edgardo Dainotto, director del CEMAIS, quien aportó una reflexión que invita a mirar el pasado con responsabilidad y proyectar un horizonte común.
“Cuando el documento habla de una memoria íntegra y luminosa, lo que está diciendo es: ‘aprendamos del pasado para ver qué reglas no cumplimos, porque esas reglas al romperlas nos llevaron a donde llegamos, que es no respetar la dignidad del otro al punto de querer aniquilarlo’”, expresó Dainotto, señalando que la memoria no puede ser parcial ni fragmentada, sino orientada al aprendizaje colectivo.
En ese sentido, remarcó que la construcción democrática exige revisar no solo los hechos históricos, sino también las conductas sociales que los hicieron posibles: “Que hoy la Iglesia diga nunca más a esas reglas de juego rotas que llevaron a perder el aprecio por la vida y a aniquilar al otro, implica también preguntarnos qué democracia queremos: una democracia justa, donde las reglas no sean solo para que algunos ganen y otros pierdan, sino para que lleguen a cada hogar argentino los derechos básicos”.
La reflexión también alcanza a la propia Iglesia, en un ejercicio de autocrítica que atraviesa las últimas décadas: “Es mucho lo que la Iglesia tiene que decir de sí misma en todo lo que pasó en aquel momento. Porque tanto desde la extrema derecha como desde la extrema izquierda había personas que se sentían hijos de la Iglesia. Por eso, este camino ha sido también de revisión, de pedido de perdón y de rectificación”.
Para Dainotto, uno de los desafíos centrales de la actualidad pasa por el cuidado del lenguaje y la convivencia democrática: “La democracia no es una conquista permanente, hay que cuidarla todos los días. Y eso empieza en lo cotidiano, en cómo hablamos del otro, en evitar ‘aniquilarlo’ simbólicamente cuando piensa distinto. El valor de la palabra es fundamental para sostener una convivencia que no vuelva a caer en la violencia”.
Finalmente, destacó que una sociedad madura es aquella capaz de aprender de su historia y transformar sus errores en normas de convivencia: “La madurez política se construye acumulando experiencias y evitando repetirlas. Este día tiene que servirnos justamente para eso: para no optar nunca más por la violencia como forma de resolver nuestras diferencias”.
En este nuevo aniversario, la memoria se presenta así no solo como un ejercicio de recuerdo, sino como una responsabilidad compartida: la de sostener una democracia más justa, más humana y verdaderamente inclusiva.