17/03/2026 – El Informe 09 del Centro Mariano de Investigación Social (CEMAIS), titulado “La más frágil de las vulnerabilidades ocultas: los niños pobres que viven sin sus padres”, vuelve a poner el foco en una realidad que persiste en la Argentina: la de miles de niños, niñas y adolescentes que crecen sin cuidados parentales y en contextos de profunda vulnerabilidad.
Aunque en los últimos años se impulsaron programas de acompañamiento y se registraron avances legislativos, la problemática sigue lejos de resolverse. La pobreza infantil, el acceso desigual a servicios básicos y la exclusión social continúan condicionando el presente y el futuro de estos chicos. En ese sentido, Edgardo Dainotto, director del CEMAIS, advirtió que “en Argentina hay más de 200.000 niños que carecen de cuidados parentales y que en el último tiempo han perdido un papá, una mamá o al cuidador que los tenía a cargo”, una cifra que —según explicó— se agravó tras la pandemia.
El impacto no es solo emocional. Dainotto señaló que “muchos de los niños que están en esta situación de orfandad total o parcial tienen los peores desempeños académicos”, lo que repercute directamente en sus oportunidades futuras: “esto incide muchísimo en lo que va a ser su inserción en el mundo laboral, con trabajos probablemente de baja productividad y muchas dificultades para acceder a otros beneficios sociales”.
En este contexto, el Programa de Acompañamiento a Jóvenes sin Cuidados Parentales se presenta como una herramienta clave. La iniciativa brinda apoyo a adolescentes y jóvenes que viven en dispositivos de cuidado formal, con acompañamiento personal, asistencia económica y orientación para facilitar su autonomía. Incluso, permite extender ese acompañamiento hasta los 25 años en caso de que continúen sus estudios. Sin embargo, para Dainotto, estos esfuerzos aún no alcanzan: “hay esfuerzos, pero no alcanzan y estamos dispersos”, sostuvo.
A esto se suma la puesta en marcha, en septiembre de 2025, de un nuevo dispositivo orientado al acompañamiento afectivo y la contención emocional, un aspecto que el especialista considera central: “hay que acompañar lo afectivo, que nunca falta, con otro tipo de acompañamientos como el psicopedagógico, el nutricional o el de salud”.
Otro de los puntos críticos es el sostenimiento de las instituciones que trabajan en territorio. Muchas de ellas —incluidas organizaciones de la sociedad civil y espacios vinculados a la Iglesia— enfrentan dificultades económicas para sostener su tarea. “La política partidaria aprovecha estas situaciones de alto impacto mediático para aparecer con alguna ayuda parcial, pero que no se sostiene en el tiempo. Ese es el mayor problema”, remarcó Dainotto.
Además, subrayó que el 67% de estos niños vive en hogares pobres, lo que evidencia una situación de pobreza multidimensional: “no solamente es la pobreza monetaria, sino también la pobreza en vivienda, en salud, en educación y en afectividad”, explicó, marcando cómo estas carencias se acumulan y profundizan la exclusión.
A pesar de los avances institucionales, los desafíos siguen siendo múltiples: la ausencia de una red familiar de contención, las dificultades de acceso a derechos básicos y el riesgo constante de quedar al margen del sistema. El informe concluye que la problemática requiere no solo políticas sostenidas, sino también una mayor articulación entre el Estado y la sociedad civil.
Como sintetizó Dainotto, “son datos que preocupan, pero también es necesario ocuparse”, en una realidad que interpela de lleno a toda la sociedad.