Evangelio según San Marcos 12, 28-32

miércoles, 2 de junio de
image_pdfimage_print







 En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: -«¿Qué mandamiento es el primero de todos?» Respondió Jesús: -«El primero es: "Escucha, Israel, el Señor, Nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser. " El segundo es éste: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo." No hay mandamiento mayor que éstos.» El escriba replicó: -«Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.» Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: «No estás lejos del reino de Dios.» Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

 

Palabra de Dios


 

Cardenal Estanislao Karlic | Arzobispo Emérito de Paraná

 

Queridos jóvenes los mandamientos de Dios, son la continuación del amor con que el nos creo y nos redimió. Su amor no se detiene en esos primeros pasos.

Dios Padre quiere llevarnos hasta el fin de su proyecto, que es nuestra comunión eterna con él, con su hijo y con su espíritu y por eso nos da sus mandamientos.

El nos regala la dignidad de ser destinatarios de ellos, para que los dones divinos sean meritos nuestros, por la obediencia de nuestra voluntad.

Nos manda a que lo amemos, porque la comunión con él, es un crecimiento en los bienes que nos ha dado. La comunión con él es participación de su vida, de su luz y de su gloria.

El primer mandamiento: Es que lo amemos con todo nuestro ser, con toda nuestra conciencia y libertad, desde lo más profundo de nuestro interior. Este destino nos define como personas humanas.

Somos lo que somos, porque nuestro destino es Dios y somos capaces de amarlo a él y a quienes son imagen y semejanza suya, los hombres.

Tanto nos amo Dios que envió a su hijo, para que hecho hombre nos amara hasta la muerte y nos mereciera participar de su vida de resucitado y de su amor.

El primer mandamiento es que vivamos esta dignidad, que amemos a Dios sobre todas las cosas.

El segundo mandamiento: Es que nos amemos entre nosotros como el nos amo .En esto consiste el amor nos enseña San Juan. En que Dios nos amo primero, en que nosotros en verdad, somos capaces de amar, compartiendo la gratuidad de la libertad generosa de su amor.

Ninguna virtud del hombre acaba de ser virtud propiamente, sino cuando es transformada por el amor, por la caridad, que es hacer bien por medio de nuestros dones, que son cosas por nosotros mismos al ponernos al servicio de los demás.

Y al ser nosotros instrumentos para que Dios mismo llegue a los demás.

Pues amando de verdad al prójimo somos como un sacramento para que Dios toque el corazón de los otros y habite en ellos. Amar es dar, es darse, es dar a Dios.

Dice el Papa Benedicto, nuestro querido santo Padre, que quien no da a Dios, da demasiado poco.

Esta dignidad, la vive también, el que siendo realmente obediente al llamado de su conciencia se abre por todos, por todos los desconocidos al misterio pascual de Cristo.

Nuestra juventud, la de hoy y la de siempre tiene este destino maravilloso.

Por eso tiene el deber de construir la civilización del amor. Hoy con la fidelidad propia de quienes descubrieron que habiéndose amado por Dios, deben amarlo sobre todas las cosas y amar al prójimo como el nos amo. Amén.

 

 

 

 

Oleada Joven