Cuerpo de Cristo

viernes, 15 de abril de
image_pdfimage_print

Todo fue así: tu voz, tu dulce aliento

sobre un trozo de pan que bendijiste,

que en humildad partiste y repartiste

haciendo despedida y testamento.

 

“Así mi cuerpo les doy por alimento…”

¡Qué prodigio de amor! Porque quisiste

diste tu carne al pan y te nos diste

Dios, en el trigo para sacramento.

 

Y te quedaste aquí, patena viva;

virgen alondra que le nace al alba

de vuelo siempre y sin cesar cautiva.

 

Hostia de nieve, nube, nardo, fuente;

gota de luna que ilumina y salva.

Y todo ocurrió así sencillamente.

 

Que viene por la calle Dios, que viene

como de espuma o pluma o nieve ilesa;

tan azucenamente pisa y pesa

que sólo un soplo de aire le sostiene.

 

Otro milagro, ¿ves? El, que no tiene

ni tañano ni límites, no cesa

nunca de recrearnos la sorpresa

y ahora en un arco de aire se contiene.

 

Se le rinde el romero y se arrodilla;

se le dobla la palma onduleante;

las torres en tropel, campaneando.

 

Dobla también y rinde tu rodilla,

hombre, que viene Cristo caminante

-poco de pan, copo de pan- pasando.

 

Antonio y Carlos Murciano