Vine para aprender a amarte

sábado, 21 de mayo de
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“Intento espiar con mis débiles ojitos, pero la calidez de tus brazos me invitan a entregarme y me acurruco más entre tu manto, sintiendo la seguridad de un amor inexplicable.

En esa entrega dejo que me consueles, como sólo tú sabes hacerlo, dejo que me acaricies, dejo que tomes mis frágiles manitos entre las tuyas, y me llevas, me elevas en éxtasis de amor.

Y de golpe recuerdo que  vine para aprender a amarte, vine a ser pequeño eternamente, para que nunca dejes de protegerme.

Vivo en un jardín lleno de tu perfume, lleno de tus sonrisas, lleno de tu dulzura en medio del frenesí  de lo que me circunda, me rescatas. ¡Oh sí, me rescatas! con tu voz, con tu abrazo, con tu consejo. Me enseñas a ser hijo. Me entrego una y otra vez a esta locura de amor.

Cuando veo en tu rostro la angustia y el dolor por la traición, por la negación, por las injurias y los azotes de mi vida, esa mirada me da toda la fortaleza para ponerme de pie y tímidamente casi imperceptible, vuelvo a Belén y otra vez te siento ahí cubriéndome y uniéndome a ti y ninguna entrega es imposible porque siento la Paz de tu Fe.

Cada vez que levanto mi rostro y nuestras miradas se unen nuevamente como aquella noche de Belén en que empezamos a ser uno sin fin.” 

Ma. Fernanda Chemes

 

Fer Gigliotti