Abandonarse como un niño en los brazos de Dios

viernes, 2 de junio de
image_pdfimage_print

Esto es, hermano mío, lo que yo pienso acerca de la justicia de Dios.

Mi camino es todo él de confianza y de amor, y no comprendo a las almas que tienen miedo de tan tierno amigo.

A veces, cuando leo ciertos tratados espirituales en los que la perfección se presenta rodeada de mil estorbos y mil trabas y circundada de una multitud de ilusiones, mi pobre espíritu se fatiga muy pronto, cierro el docto libro que me quiebra la cabeza y me diseca el corazón y tomo en mis manos la Sagrada Escritura.

Entonces todo me parece luminoso, una sola palabra abre a mi alma horizontes infinitos, la perfección me parece fácil: veo que basta con reconocer la propia nada y abandonarse como un niño en los brazos de Dios.

Dejando para las grandes almas y para los espíritus elevados esos brillantes libros que yo no puedo comprender, y menos aún poner en práctica, me alegro de ser pequeña, pues sólo los niños y los que se hacen como ellos serán admitidos al banquete celestial.

 

 

Santa Teresita del niño Jesús-Carta n° 226 al Padre Roulland.

 

Mili Ortiz