Que sea con alegría

jueves, 13 de octubre de
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Jesús, maestro bueno,

quiero seguir tus pasos

Dame tu Espíritu,

para aprender a vivir en la alegría.

 

Quiero despertar cada mañana

para alabar al Padre y cantarle gracias

por las cosas hermosas que ha hecho.

Por la hermana creación,

la hermana naturaleza,

por el inmenso espacio y todas las estrellas,

por el sol que nos calienta

y nos abriga, y nos da la luz

que me recuerda tu sonrisa.

Por las plantas que llenan de verde

nuestros sentidos,
por el trinar de los pájaros.

Te damos gracias, Padre,

con alegría y ganas de vivir.

Dame tu Espíritu, Jesús,

para descubrir la presencia

de Dios en cada instante

y vivir en la alegría del encuentro y la alabanza.

 

Enséñame a vivir con alegría

los hechos cotidianos de mi vida.

La rutina del trabajo, el pasar de los días.

Que no me invada el desaliento de estos tiempos.

Que no pierda la esperanza, la sorpresa,

la capacidad de asombro,

la gratitud de encontrarte,

caminando, a nuestro lado,

mientras vivimos,

crecemos y construimos

nuestro proyecto de vida.

 

 

Dame tu Espíritu, Jesús,

para aprender a encontrar

en la vida de todos los días los rastros visibles

de tu caminar en mi vida, entre nosotros.

Enséñame Padre, a vivir una fe adulta y comprometida.

Que no me escape ante los conflictos y la pruebas.

Que descubra en las tensiones de ser fiel a tu Palabra

una alegría serena, profunda, que llena la vida

y la hace fuerte ante las adversidades.

 

Caminar en tu presencia,

seguir los pasos de tu Hijo,

caminar en el Espíritu

no son tareas sencillas,

si uno lo quiere hacer con fidelidad histórica

respondiendo a los desafíos e injusticias de estos tiempos.

Anunciar y vivir los valores del Reino,

me traen conflicto interior,

procesos de discernimiento,

muchas veces, incomprensión y soledad.

También dolor y hasta persecución y martirio.

Descúbreme, Señor,

la alegría de quienes dieron la ida por el Evangelio.

Testigos de hoy, de ayer y de siempre,

capaces de entender aquellos

de “si el grano de trigo, no muere,

no es capaz de dar frutos…”

Descúbreme, Señor,

la alegría de la entrega generosa,

la alegría de la fidelidad en camino,

la alegría serena de la intemperie por el Reino.

 

 

Dame tu Espíritu, Jesús,

para aprender a vivir

con alegría y transmitiendo alegría,

nuestro diario testimonio de discípulos,

seguidores de Aquel,

que lleno del Espíritu,

caminó haciendo el bien, dando la vida.

 

Espíritu de Jesús.

Escucha mi oración.

Ven pronto a nuestro encuentro,

cambiá mi corazón

y llenalo de la alegría del Evangelio.

 

Amén!

Marcelo A. Murúa.