Yo, pecador

miércoles, 26 de marzo de
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Señor,
cuando me encierro en mí,
no existe nada:
ni tu cielo y tus montes,
tus vientos y tus mares;
ni tu sol,
ni la lluvia de estrellas.
Ni existen los demás
ni existes Tú,
ni existo yo.

A fuerza de pensarme, me destruyo.
Y una oscura soledad me envuelve,
y no veo nada
y no oigo nada.

 

Cúrame, Señor, cúrame por dentro,
como a los ciegos, mudos y leprosos,
que te presentaban.
Yo me presento.
Cúrame el corazón, de donde sale,
lo que otros padecen
y donde llevo mudo y reprimido
el amor tuyo, que les debo.

Despiértame, Señor, de este coma profundo,
que es amarme por encima de todo.

 

Que yo vuelva a ver
a verte, a verles,
a ver tus cosas
a ver tu vida,
a ver tus hijos…
Y que empiece a hablar,
como los niños,
-balbuceando-,
las dos palabras más redondas
de la vida:

¡PADRE NUESTRO!

 

 

Ignacio Iglesias, sj