MARTA, MARTA, ANDAS INQUIETA Y NERVIOSA

martes, 7 de octubre de
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MARTA, MARTA, ANDAS INQUIETA Y NERVIOSA CON TANTAS COSAS: SÓLO UNA ES NECESARIA.

 

No podemos dejar de hacer lo que tenemos que hacer.
El tiempo pasa y nosotros no podemos terminar de hacer las cosas.
Es necesario cumplir con nuestros deberes.
Es necesario dedicar tiempo a las cosas.
Pero tampoco podemos olvidarnos de nosotros mismos.
También nosotros somos importantes para darnos un tiempo de descanso.

 

Uno de nuestros problemas es:
Estar tan ocupados que no tenemos tiempo para nosotros como personas.
No tenemos tiempo para estar con nosotros mismos.
No tenemos tiempo para estar con nuestra esposa.
No tenemos tiempo para estar con nuestros hijos.
No tenemos tiempo para escuchar a Dios.
No tenemos tiempo para escuchar nuestro corazón.
No tenemos tiempo para escuchar a los demás.

 

Marta y María no se oponen la una a la otra.
Ambas son complementarias.
Es preciso trabajar.
Pero también es preciso disponer de tiempo para escuchar.
Quien no tiene tiempo para escuchar, termina despersonalizándonos.
Quien no tiene tiempo para escuchar a los demás, se siente dominado por las cosas.
Quien no tiene tiempo para regalarse un tiempo de silencio consigo mismo, termina ignorándose a sí mismo.

 

Los maridos:
No tienen tiempo para estar con sus esposas.
No tienen tiempo para hablar con ellas.
No tienen tiempo para abrirse el uno al otro.
Y termina por ser dos extraños.
Terminan por no ser importantes el uno para el otro.

 

Los padres:
No tienen tiempo para escuchar a sus hijos.
No tienen tiempo para hablar con sus hijos.
No tienen tiempo para jugar y sonreír con sus hijos.
Terminan por ser funcionarios que traen dinero a casa.
Los hijos lo tienen todo.
Menos a sus padres.

 

El Sacerdote tiene cantidad de cosas que hacer.
Pero no tiene tiempo para encontrarse consigo mismo.
No tiene tiempo para estar a solas con Dios.
No tiene tiempo para hablar y escuchar a Dios.
No tiene tiempo para su contemplación-
Termina absorbido por sus quehaceres que son importantes.
Pero termina despersonalizado sacerdotalmente.
Termina vacío por dentro.
Y quien está vacío interiormente hará muchas cosas como funcionario, pero no como sacerdote.

 

No se trata de “escuchar” y olvidarse del resto.
Tampoco se trata de “hacer” olvidándose de sí.
Son importantes las cosas que hacemos.
Pero también es importante el tiempo que nos regalamos para hablar y escuchar a Dios.

 

Es preciso buscar la armonía:
Entre el ser y el hacer.
Entre vivir nerviosos y el escuchar.
Entre el tiempo que dedicamos a las cosas y el tiempo que dedicamos a Dios.
Entre el tiempo del hablar y el tiempo de escuchar.
¿Cuál es el más importante? Los dos.
No basta inspirar el aire si luego no lo expiramos.
No basta el hacer cosas, si luego nos olvidamos de nosotros.

Todos somos Marta y María.
Todos somos servicio y escucha.
Todos somos hacer y ser.
Todos somos los grandes ocupados y los grandes desocupados.
Hay tiempo de comer.
Pero también de hacer la digestión.
Hay tiempo de oficina.
Pero tiempo para dormir.
Hay tiempo de estar con las cosas.
Pero también de estar con nosotros mismos.
Aunque tú no tengas tiempo para Dios, Dios si tiene todo el tiempo para ti.

 

 

Clemente Sobrado C. P.

 

 

Miguel Aedo