Domingo 10 de Julio de 2022 – Evangelio según san Lucas 10, 25-37

martes, 5 de julio de
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Un doctor de la Ley se levantó y le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?» Jesús le preguntó a su vez: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?» Él le respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo». «Has respondido exactamente, -le dijo Jesús-; obra así y alcanzarás la vida». Pero el doctor de la Ley, para justificar su intervención, le hizo esta pregunta: «¿Y quién es mi prójimo?» Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto. Casualmente bajaba por el mismo camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo. También pasó por allí un levita: lo vio y siguió su camino. Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió. Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo. Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al dueño del albergue, diciéndole: “Cuídalo, y lo que gastes de más, te lo pagaré al volver”. ¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?» «El que tuvo compasión de él», le respondió el doctor. Y Jesús le dijo: «Ve, y procede tú de la misma manera».

 

 

Palabra del Señor

Padre Marcelo Amaro | Sacerdote Jesuita

 

 

 

 

«“Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con toda tu fuerza y con toda tu mente. Y a tu prójimo como a ti mismo”».

Este es el mensaje central del Evangelio, este es el amor que nos predica Jesús; un amor que no se evade de la realidad, más bien, que nos impulsa a hacernos cargo de la ella. Un amor que nos pone por delante la necesaria convivencia con los demás y en pos de la búsqueda de hacer el bien nos obliga a romper con toda las discriminaciones que nos separan.

Cuando el maestro de la ley se acerca a Jesús para preguntarle por lo que debe hacer para heredar la vida eterna, él mismo se sabía la respuesta de memoria; pero otra cosa muy distinta es vivirla, es que esa respuesta ilumine tu mirada hacia los demás, que sea lo que orienta todas tus acciones y, también, tus pensamientos y deseos.

El amor a Dios se corresponde con el amor al prójimo y a uno mismo, y este mensaje tan simple nos cuesta muchísimo entenderlo y practicarlo. De un modo u otro va a ser la gran insistencia de Jesús a aquellos que buscaban la perfección cumpliendo la Ley y los ritos, pero vaciándolos de la referencia al amor y al servicio a lo demás.

Por eso, Jesús, a la pregunta que le hacen sobre quién es mi prójimo, pone un ejemplo escandaloso. Ante un hombre herido y maltratado, un sacerdote y un levita quedarán indiferentes; justamente aquellos que buscan servir a Dios en el culto, endurecieron su corazón al necesitado. Y quien será el que responda desde la compasión sirviendo al hombre herido, será un samaritano. Aquel que la sociedad lo tachaba como contaminado y alejado de Dios. Qué sorpresa, el que responde como Dios manda es el que llevaba la etiqueta de impuro.

Paradojas de la vida y del mismo Evangelio que nos comunica Jesús. Ser personas de fe, ser personas de bien, ser seguidores de Cristo, no se pone en juego ni en títulos, ni en cosas que sepamos, se juega en la vida misma desde la apertura al prójimo, desde la compasión y desde el amor y el servicio, y todo lo demás tendrá sentido si nos impulsa a esta forma de amor que nos enseñó el Señor con su vida y con su palabra.

Que seamos como el buen Samaritano, que no nos dejemos llevar ni por los prejuicios, ni por las etiquetas que otros nos pongan. Que no nos subamos a ningún pedestal que nos aleje del reconocimiento del prójimo. Y que vivamos a pleno el que Dios sea el centro de nuestra vida, conscientes de que lo será, si somos hombres y mujeres de compasión, de amor y servicio gratuito a los que lo necesitan.

Que Dios nos bendiga y fortalezca.