Domingo 18 de Diciembre de 2022- Evangelio según San Mateo 1,18-24

viernes, 16 de diciembre de
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Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto. Mientras pensaba en esto, el Angel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: “José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados”. Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta: La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel, que traducido significa: “Dios con nosotros”. Al despertar, José hizo lo que el Angel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa.

 

Palabra de Dios

P. Marcelo Amaro

 

 

Ya estamos en el cuarto domingo de adviento y seguimos dando pasos hacia la celebración del nacimiento de Jesús, el Emmanuel, “Dios con nosotros”. Llamar de esta manera al Señor, ciertamente nos interpela, porque nos está diciendo que en nuestra realidad tantas veces difícil, tantas veces desafiante y siempre compleja, Dios viene en Cristo a caminar a nuestro lado, a ser un vecino más de nuestra humanidad, a manifestarnos que hace suya esta realidad, y que de esta manera viene al mundo para salvarnos por medio del amor que se compromete, que se identifica, que se hace pequeño y frágil, que no se queda en dar cosas sino que se da a sí mismo.

 

El Evangelio de hoy nos pone por delante el deseo de salvación de Dios, que se hace proyecto y que tiene su punto culminante en Jesús, Dios hecho hombre. Ahora bien, este plan de salvación no lo lleva adelante Dios solo, sino que nos involucra, nos llama a formar parte y así como el viene a identificarse con nosotros haciéndose uno con nuestra humanidad, nos propone que nos identifiquemos con Él compartiendo su deseo de bien para todos sus hijos y hermanos, y  nos invita a que nos pongamos manos a la obra junto a Él.

 

Por eso hoy la palabra nos propone acercarnos a José, contemplar su corazón y sus actitudes y reconocernos en él, también llamados a colaborar en nuestro presente a descubrir, acoger, acompañar y cuidar a este misterio del amor de Dios que sigue derramándose en nuestro mundo y en nuestra historia.

 

Miremos, pues, a José y veamos al hombre noble y justo que a pesar de no entender que María, la mujer con quien estaba comprometido, se encontraba sorprendentemente embarazada, no la rechaza públicamente, con todo lo que esto hubiese implicado en su época, sino que decide dejarla en secreto, para evitarle a María mayores problemas. José actúa desde la bondad de su corazón, esa bondad que todos tenemos y que muchas veces no dejamos que prevalezca. La actitud de José interpela a nuestro actuar o hablar sin pensar en las consecuencias, cuestiona a nuestra impulsividad, y nuestra falta de misericordia.

 

Podemos Reconocer en José, la apertura a la voz de Dios y la confianza plena en Él. Fue en un sueño, con todo lo que implica de voz que habla en su interioridad, cuando Dios le revela que el hijo que espera María, es el hombre que viene de Dios, es fruto del Espíritu Santo y es al que debe poner el nombre de Jesús, porque salvará al pueblo de sus pecados. Dios no solo le revela su plan, sino que lo involucra en él. José se reconoce llamado a hacerse padre de ese niño que viene, a ponerle el nombre y a custodiar el crecimiento de ese niño para que viva su misión.

Pidamos a Dios la gracia de preparar nuestro corazón para la Navidad al modo de José, que estemos disponibles para escuchar su voz, y que nuestro sí sea comprometido y fiel. Que Dios nos bendiga y fortalezca.