Domingo 24 de Febrero del 2019 – Evangelio según San Lucas 6, 27-38

viernes, 22 de febrero de
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Jesús dijo a sus discípulos:

«Yo les digo a ustedes que me escuchan: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian.

Bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los difaman.

Al que te pegue en una mejilla, preséntale también la otra; al que te quite el manto, no le niegues la túnica.

Dale a todo el que te pida, y al que tome lo tuyo no se lo reclames.

Hagan por los demás lo que quieren que los hombres hagan por ustedes.

Si aman a aquellos que los aman, ¿qué mérito tienen? Porque hasta los pecadores aman a aquellos que los aman.

Si hacen el bien a aquellos que se lo hacen a ustedes, ¿qué mérito tienen? Eso lo hacen también los pecadores.

Y si prestan a aquellos de quienes esperan recibir, ¿qué mérito tienen? También los pecadores prestan a los pecadores, para recibir de ellos lo mismo.

Amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada en cambio. Entonces la recompensa de ustedes será grande y serán hijos del Altísimo, porque él es bueno con los desagradecidos y los malos.

Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso.

No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados.

Den, y se les dará. Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante. Porque la medida con que ustedes midan también se usará para ustedes».

 

 

Palabra de Dios

 

Padre Sebastián García sacerdote del Sagrado Corazón de Betharram

 

El evangelio de hoy nos regala una gran cantidad de enseñanzas que brotan de la boca de Jesús como enseñanza ejemplificadora de lo que nos decía el domingo pasado en las Bienaventuranzas.  Creo que cada uno puede leer y releer este textos para poder sacarle jugo desde lo personal, una palabra profética que el Señor nos quiera regalar, una palabra de vida a la comunidad… Y creo también que para poder entender todo el evangelio y la enseñanza de Jesús la clave es la empatía. Todo el texto de hoy y todo el mensaje de Jesús en palabras y obras, solo se puede entender desde la empatía. 

Hoy se habla mucho de esto. Y lo primero que nos brota es que la empatía es “ponerse en el lugar del otro”. Es lo común que nos sale y lo que suele decirse a la hora de dar algo así como una posible definición de ser empáticos. Y en realidad creo profundamente que no se trata solo de eso sino de algo mucho más profundo y más ético. Si queremos de veras ser empáticos con nuestros hermanos y entre nosotros, no nos basta ponernos en el lugar del otro.

La empatía es mucho más. Significa por sobre todas las cosas de cambiar la mirada y no sólo ponerse en el lugar del otro. Porque de esta manera sigo siendo yo que mira al otro desde afuera como otro. La empatía es meterme en la piel del otro, mirar como mira, sentir como siente, padecer como padece y alegrarse como brota la alegría desde el fondo del corazón. Entonces un corazón empático será un corazón que no se ponga solo en el lugar del otro sino que entre en la vida del otro, para considerar la vida desde el otro.

Claro. Esto no parece nada fácil. Pero es a lo que se refiere Jesús. “Hagan por lo demás lo que quieren que los hombres hagan por ustedes” se convierte en regla de oro, desinteresada, pero solamente efectiva desde un cambio de mirad y mentalidad. Un corazón empático nos lleva a la empatía completa: sentir desde el otro, a partir de su realidad y no sólo poniéndome en su lugar. Tengo que lograr la capacidad de hacer que sus sentimientos sean también mis sentimientos y que al final su vida sea mi vida. Es un arduo trabajo. Ciertamente que sí. Pero es la única vía para poder de veras no cumplir la palabra de Jesús, sino darle forma, vida, obra, militancia y compromiso.

¿Por dónde empezar? Yo me animaría a decir: escuchando. Hoy hay algo que nos cuesta muchísimo. Escuchar y escucharnos. Pareciera ser que los celulares, la música, la moda, todas las plataformas de cine se van convirtiendo en falta de escucha. Nos sentamos a comer y atendemos al celular y no a la presencia de los otros. Claro está, los que en esta época tienen el privilegio de sentarse en una mesa a comer y tener algo para compartir. Estamos más pendientes de nosotros mismos que de los demás. Así la empatía es un imposible. Y cuando escuchamos, ya estamos pensando la respuesta para dar. No sabemos escuchar ni escucharnos.

Hoy el desafío está planteado. Jesús en el evangelio nos regala la capacidad de empatía como un mirar la realidad desde el otro y su problemática, su dolor y su sufrimiento; sus alegrías y sus esperanzas. La clave está en sentarnos a escuchar. Sin prejuicios. Sin respuestas pre masticadas y predijeridas. Sin hermenéutica. Caminar no sólo con los otros sino desde y a partir de la experiencia de empatía que tiene como componente la reciprocidad y la complementariedad.

No nos pongamos en el lugar de los otros fingiendo que hacemos algo grande. Preparemos espacios existenciales para el Encuentro. Y seamos dignos de escucharnos. Y así, entrar en la vida del otro, no para chimentar, manipular y usas, sino para acariciar las heridas y ayudar a sanar; para ayudar a poner d pie; para combatir una y otra vez los incansables embates de la Cultura de la Muerte.