Domingo 29 de enero de 2023 – Evangelio según San Mateo 5,1-12

miércoles, 25 de enero de
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Al ver a la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a él.
Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo:
“Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.
Felices los afligidos, porque serán consolados.
Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.
Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios.
Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.
Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí.
Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron.”

 

 

Palabra de Dios

Padre Marcelo Amaro | Sacerdote jesuita

 

 

 

El Evangelio de este domingo nos ayuda a reconocer, de la mano de las Bienaventuranzas, tanto el modo de ser de Jesús como lo que nos invita a vivir. Jesús nos habla de “Bienaventurados”, es decir, “Alegres”, “Felices”. El Señor nos pone por delante un horizonte de plenitud. Porque el Evangelio es eso; el Evangelio nos invita a buscar la felicidad que solo se hace posible a través del amor, y que nos pone en perspectiva el caminar hacia Dios construyendo la Fraternidad del Reino. No podemos ser cristianos amargados, tristes. El cristiano deja que Dios siembre en su corazón la esperanza y la alegría, aún en medio de las dificultades, y busca esa plenitud que sabe que se juega en el amor.

Desde esta felicidad que el Señor, no solo desea sino que constata en su propia vida, podemos mirarlo a Él, descubriendo en las Bienaventuranzas un retrato del mismo Jesús. Pero también podemos dejarnos interpelar por ellas para que podamos vivir el Evangelio más generosamente. Lo que Jesús nos plantea sigue siendo novedoso y a muchos les parecerá una locura porque les cuesta conjugar la felicidad con dolores y dificultades. Pero, quien quiera amar en serio y quiera construir una sociedad más buena y justa, quien realmente desee el bien común y se entusiasme con la búsqueda del Reino deberá asumir las consecuencias dolorosas del amor.

Miremos, de hecho, cómo vivió Jesús ese ser humilde y sencillo, su estilo de vida austero y pobre; miremos cómo vivió la mansedumbre de aquellos que no son violentos, de aquellos que tienen paz en el corazón y viven desde esa paz; cómo Jesús vivió el dolor, el llanto, la compasión por el dolor de la gente, de los más pequeños; cómo no fue indiferente al dolor de los demás y cómo no evitó el dolor cuando este era consecuencia del amor. Miremos a Jesús misericordioso, cómo fue teniendo hambre y sed de justicia y fue predicando por pueblos y ciudades para invitar a la gente a vivir de este modo. Podemos ver cómo Jesús fue perseguido por vivir la voluntad de Dios, como fue calumniado, y cómo injustamente lo llevaron a la cruz.

Las Bienaventuranzas nos permiten ver el mismo corazón del Señor y, a su vez, nos muestran cómo aquellos que viven de esta manera se hacen permeables al Evangelio y buscan a Dios. De hecho, quiénes van a abrazar esta buena noticia del Reino, quiénes van a poner el oído para descubrir lo que Dios siembra en el corazón del ser humano: los pobres de espíritu, los sencillos y humildes, los mansos, los que lloran, los que tienen hambre y sed de justicia, los misericordiosos, los que trabajan por la paz, los perseguidos por causa de buscar el bien común, la voluntad de Dios. Pues, ellos van a ser sensibles al Evangelio del Señor y descubrir así la Buena Noticia.

La invitación que nos hace Jesús es a que también nosotros nos larguemos a vivir las Bienaventuranzas y que descubramos cómo la gente que las vive cuenta con una alegría que los impulsa al cielo, a vivir en plenitud. Que Dios que nos bendiga y fortalezca.