El caos crea confusión, el orden crea libertad

viernes, 20 de mayo de
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Cuando la casa está desordenada,
se confunde el “amor propio” con el orgullo
la “bondad” con una baja autoestima,
la “madurez” con la dureza y la falta de autocrítica,
la “libertad” con el egoísmo
la “comodidad” con el miedo
y “amar” con complacer

Cuando la casa está ordenada, se sabe internamente que:

Amarse es buscar crecer y saber cuidarse. Amarse es mirarse con humildad y reconocer el propio valor sin inflarse ni achicarse.

Bueno es quien busca el bien más allá del propio interés

Ser maduro es aprender qué hacer con aquello que nos sucede, aprender a asumir el conflicto, no huir, ser responsables de nuestras acciones y/u omisiones, ser libres para decir la propia verdad sin dañar, y si acaso lo hiciéramos, es madurez saber enmendar. Maduro no solo es pedir perdón sino también saber perdonar. Eso implica reconocer la humanidad propia y la de otros, no relacionarse con ideales sino con realidades en donde cabe la fragilidad.

Libre es quien es capaz de amar y amarse, quién sabe donarse, quién no busca poseer ni es poseído por las circunstancias ni por los afectos. Para ser libres hay que ser generosos para darnos más allá del yo, valientes para dar pasos, desprendidos para no aferrarnos caprichosamente a nada.

Ser cómodo es no querer moverse, ni esforzarse por crecer, no querer salir de lo de siempre para asomarse a lo desconocido, instalarse en las propias seguridades. En otras palabras, ser cómodo es negarse a vivir porque la vida de verdad es incómoda (pero es plena). La comodidad es fácil pero vacía.

Amar no es decir a todo que sí, ni evitarle al otro el dolor y la responsabilidad de elegir. Amar es crecer. Amar a otro es animarlo a crecer, no sustituirle en el proceso, no eximirlo de la responsabilidad que conlleva vivir de verdad. Buscar evitarle el dolor es coartarle el proceso, amputarlo de antemano, no dejarlo desplegar su potencial. Amar es animar a otros a obrar en libertad, a asumir la vida en su totalidad, a no huir de lo que se presenta como oportunidad de aprendizaje.

Amar es descentrarse y esto implica crecer en humildad, en generosidad ,en valentía, en humanidad. Para amar es preciso ser libres del miedo que paraliza, de la culpa que condena , del egoísmo que encierra, del orgullo que aleja, del mal que nos acecha. Ser libres es condición necesaria para amar de verdad.

Amar es darse en gratuidad y solo puede dar quien primero ha aceptado recibir consciente de que no hay merito propio que nos “habilite” a gustar el regalo del amor, siempre es inmerecido e incomprensible en su desmedida.

Quien cree que ya lo sabe todo, no solo muestra vanidad sino una profunda ignorancia.

¡Qué paradoja la vida! El secreto está en aprender a desandar los caminos que tan fácilmente recorrimos y asumimos como “correctos” y qué difícil es. Quien aprende a desaprender, ya está a mitad de camino.