Jueves 16 de Diciembre de 2021 – Evangelio según San Lucas 7,24-30

martes, 14 de diciembre de
image_pdfimage_print

Cuando los enviados de Juan partieron, Jesús comenzó a hablar de él a la multitud, diciendo: “¿Qué salieron a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento? ¿Qué salieron a ver? ¿Un hombre vestido con refinamiento? Los que llevan suntuosas vestiduras y viven en la opulencia, están en los palacios de los reyes. ¿Qué salieron a ver entonces? ¿Un profeta? Les aseguro que sí, y más que un profeta. El es aquel de quien está escrito: Yo envío a mi mensajero delante de ti para prepararte el camino. Les aseguro que no hay ningún hombre más grande que Juan, y sin embargo, el más pequeño en el Reino de Dios es más grande que él. Todo el pueblo que lo escuchaba, incluso los publicanos, reconocieron la justicia de Dios, recibiendo el bautismo de Juan. Pero los fariseos y los doctores de la Ley, al no hacerse bautizar por él, frustraron el designio de Dios para con ellos.

 

 

Palabra de Dios

Monseñor Ricardo Seirutti Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Córdoba

Este Jueves el evangelio de Lucas, ya acercándonos a la novena de navidad, nos presenta al Señor Jesús describiendo a Juan el bautista y lo hace a partir de una pregunta: ¿que salieron a ver en el desierto? ¿Qué fueron a ver? ¿Fueron con el corazón abierto a descubrir el grito de Juan el bautista del reino ya presente entre ellos? ¿O fueron a ver lo que ellos querían ver? ¿O aquello que no querían ver del todo y entonces no querían internalizarlo en su corazón?

Son dos actitudes que al final de este texto van a “decidirse”. Todo el pueblo lo escuchaba incluso los publicanos reconocieron la justicia de Dios recibiendo el bautismo de Juan, pero los fariseo y los doctores de la ley, al no hacerse bautizar por él frustraron el designio de Dios para con ellos.

¿Cómo me acerco yo, a ver, escuchar, sentir, las palabras del evangelio, las palabras de Jesús, la realidad que nos va mostrando muchas veces los acontecimientos, aquella obra de Dios en nosotros y para los otros?¿Cómo la veo? Si, con mis ojos queriendo ver lo que yo quiero ver. O decididamente dejándose interpelar y que el evangelio me diga aquello que Dios quiere de mí, que quiere de la humanidad, aquello que impulsa nuestra vida a ser mejores cada día.

Nos planteemos esto, “lo miremos” ¿Cómo miro? ¿Cómo veo? Desde un corazón qué quiere hacer lo que el quiera y que quiere ver lo que a el le da la gana o dejándome interpela.