“La misión y el mismo Movimiento de Schoenstatt cambiaron mi vida”

jueves, 30 de enero de
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30/01/2020 – Las experiencias misioneras suelen marcar a fuego la vida de los jóvenes que se disponen a vivirlas con el corazón abierto. En la misión (como en la vida) cada situación se convierte en espacio para el encuentro con Jesús, presente en la vida de las personas, de los compañeros de misión, y Señor de la historia.

Kevin, Bahiense de 25 años, tuvo su encuentro con Jesús vivo durante una misión con el Movimiento de Schoenstatt hace algunos años. Este año, ya recibido de su carrera universitaria y ya integrado en el ámbito laboral, invirtió sus días de vacaciones para anunciar el evangelio.

“Dios todo lo puede y en esa primer misión me mostró lo grande que era”

Mi nombre es Kevin Schweitzer, tengo 25 años, soy Ingeniero en Sistemas y participo del movimiento de Schoenstatt en Bahía Blanca, que realiza la misión Kairós Patris.

Del 19 al 26 de Enero realizamos una nueva edición de verano de esta misión Diocesana, donde varios integrantes del Movimiento de Schoenstatt de Bahía Blanca concurrimos al pueblo de Huanguelén para pasar una semana junto a su gente, llevándoles a Dios y a la Mater (como le decimos a la Virgen María) mediante visitas a las casas, actividades para niños y jóvenes, rosarios y misas diarias, y alguna que otra cena compartida con la comunidad.

Personalmente la misión y el mismo movimiento de Schoenstatt cambiaron mi vida desde aquel 2017 en que le dije que SI a Dios, que me estaba llamando a ir a la misión, a la que yo me negaba porque no era creyente, a pesar de estar bautizado y confirmado. Sin embargo, Dios todo lo puede y en esa primer misión me mostró lo grande que era. Fue como una palmada en la espalda, tan real que no me permitió volver atrás ni arrepentirme nunca, y nunca volví a ser el mismo claro está. Tampoco creo que haya sido coincidencia que a la mitad de esa misión haya sido 25 de Enero, día que se celebra la conversión de San Pablo con la cual me sentí identificado. A partir de ese momento tengo plena conciencia de Cristo.

Por todo eso puedo dar fe que el amor de Dios transforma los corazones de manera real, contundente, por mas extraño que pueda sonar. Dar, y no solo dar, sino darse a los demás, es muy cercano a la felicidad, pero darse en Cristo es lo que completa totalmente esa entrega. Por eso, incluso después de haber terminado la Universidad y haber comenzado a trabajar, nunca dudé en hacer lo posible por participar de la misión, así sean las únicas vacaciones que tenga en el año.

Ahora bien, la misión del Cristiano no dura una semana, sino todo el año, toda la vida. Por eso es que dije al principio que esta experiencia cambio mi vida. No por lo feliz que me hace esa semana de misión, sino por lo feliz que me hace vivir en Cristo. Más allá de las dificultades que se puedan presentar al intentar vivir de esta manera, estoy convencido que es lo mejor para mí y para la vida de cualquiera. Al fin y al cabo, lo bueno nunca es fácil, uno a veces tiene que morir a sí mismo, como el grano de trigo, para dar fruto.

Les deseo a todos lo jóvenes que puedan vivir una experiencia similar, y rezo por ello, ya que los valores Cristianos son un valor agregado muy grande en el mundo actual, donde muchos se pueden ver expuestos a la masificación por las diversas ideologías que están vigentes hoy en día y que atentan contra la originalidad de cada ser humano. Por eso seguiré trabajando por ello desde el movimiento de Schoenstatt y la Misión Kairós Patris.

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