Martes 14 de Septiembre de 2021 – Evangelio según San Juan 3,13-17

lunes, 13 de septiembre de
image_pdfimage_print

Jesús dijo a Nicodemo: «Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo. De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en él tengan Vida eterna. Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.»

 

 

Palabra de Dios

Padre Matías Burgui sacerdote de la Diócesis de Bahía Blanca

 

 

En este día 14 de Septiembre celebramos la fiesta de la Exaltación de la santa cruz, así que, toda la liturgia, toda la palabra nos va a invitar a contemplar. ¿A contemplar qué? El misterio de la cruz. Enamorarnos cada vez más de ella y profundizar en este misterio de amor; ese misterio de amor que también hacemos presente el Viernes Santo.

Vos fijate que la oración seguramente más cortita que aprendiste a lo largo de tu vida y la primera, ha sido la señal de la cruz, que nos sirve para ponernos en la presencia de Dios. Un signo del amor inmenso que Dios los tiene. Amor qué es misterio pero que encierra ¿Cómo en ese lugar de tormento? ¿Cómo en ese lugar de aparente fracaso? ¿Cómo en ese lugar de desolación, de soledad? ¿Cómo en ese lugar de “locura”?  Dios se hace presente, se hace presente en Jesús que dio su vida por vos y por mí. Que nos salvó de la muerte. Que nos salvó del pecado para que vos y yo tengamos vida y vida eterna, vida en abundancia.

En el evangelio de hoy vemos que Jesús pone el ejemplo de Moisés y la serpiente de bronce. Fíjate que curioso y hay que irse al libro de los Números capítulo 23 para mostrarnos cómo esa serpiente de bronce que Dios le hace hacer y construir a Moisés, sirve como momento o situación o instrumentos de redención para el pueblo. Todo aquél que mire la serpiente va a quedar sanado. Mirá como, también, Jesús se pone como ejemplo: “cuando el hijo del hombre sea levantado en alto, atraerá a todos hacia sí”
es Jesús.

Cuando vos miras la cruz, también te sanas. Cuando vos miras la cruz, también te descubrís presente ahí, porque vos y yo también tenemos sufrimientos, mayor, menor, -no importaTenemos sufrimientos.
Sin embargo la clave está en descubrir que somos amados, que somos sostenidos, que somos llamados y elegidos por un Jesús que da su vida por amor a vos y a mí.

¡Esa es la gran novedad del evangelio! Y así como pasaba en esa época, con el pueblo de Israel, lo mismo pasa con Jesús. Todo aquel que lo mire va a ser salvado.

Entonces es muy importante recordar este misterio de la salvación, este misterio de la fe y el consuelo que vos y yo encontramos en la cruz. Cada vez que estés sufriendo, cada vez que estés dolorido, cada vez que no entiendas lo que te está pasando, anda a la cruz. Anda a la cruz y decile a Jesús: “Señor, ahí me quiero esconder yo, en tus llagas, porque sé que el único que puede salvarme sos vos”.

Por eso es muy importante recordar este misterio . No hay ningún sufrimiento que estés pasando y escúchame bien lo que te digo, no hay ningún sufrimiento que este pasando  que sea ajeno a la cruz de Jesús. Ese es el Señor.

Es necesario dice el evangelio de hoy, que el hijo del hombre sea levantado en alto, es necesario que vos y yo nos podamos sumergir en el misterio de la cruz. Que ores frente a la cruz, que tengas una cruz en tu casa, cerca de tu cama, qhí colgada en el pecho. Que tengas un altarcito en tu casa, orar con la cruz, orar y pedir el consuelo de Dios. No te podés imaginar ¡las gracias que esto da. Pero claro, a veces le tenemos miedo a la cruz, es lógico. Le tenemos miedo, tenemos temor, no sabemos cómo encararla, porque la realidad es que solos no podemos. Necesitamos que Jesús nos ayude a seguir caminando. ¿Por qué? bueno porque Él, Él en este acto eterno de amor, ocupó tu lugar. Ocupó tu lugar de muerte. Ocupó tu lugar de condena, para que vos no mueras sino que tengas vida eterna. Entonces, en esto, es importante pedir la gracia de la conversión.

Yo creo que si de verdad nos detuvieramos un instante, todos los días en mirar la cruz, a contemplarla y a meditar sobre este amor, esta misericordia, esta paciencia que Dios nos tiene, dejaríamos de querer hacer siempre la nuestra y nos pondríamos a “seguirlo a Jesús”

En definitiva ese es el misterio más grande de la cruz: cargar con nuestra cruz y seguirlo a Él.

Así que, hoy besa la cruz, la que sea. Besá tú cruz, la da que tenés en el pecho, lo que tenes en tú casa, y decirle al Señor ¡Gracias por el amor que te tiene!  Gracias porque Él no te abandona. Gracias porque nunca te va a dejar solo.

Que tengas un buen día y que la bendición de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo te acompañen siempre. Amén.