Miércoles 25 de Noviembre del 2020 – Evangelio según San Lucas 21,12-19

martes, 24 de noviembre de
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Jesús dijo a sus discípulos: «Los detendrán, los perseguirán, los entregarán a las sinagogas y serán encarcelados; los llevarán ante reyes y gobernadores a causa de mi Nombre, y esto les sucederá para que puedan dar testimonio de mí.

Tengan bien presente que no deberán preparar su defensa, porque yo mismo les daré una elocuencia y una sabiduría que ninguno de sus adversarios podrá resistir ni contradecir. Serán entregados hasta por sus propios padres y hermanos, por sus parientes y amigos; y a muchos de ustedes los matarán.

Serán odiados por todos a causa de mi Nombre. Pero ni siquiera un cabello se les caerá de la cabeza. Gracias a la constancia salvarán sus vidas.»

 

Palabra de Dios

Padre Matías Burgui sacerdote de la Arquidiócesis de Bahía Blanca

 

El camino del discipulado no es sencillo, presenta complicaciones, dificultades, crisis. Sin embargo es el único camino que nos plenifica, que nos lleva a la santidad, que nos hace vivir la santidad hoy. En el Evangelio que compartimos hoy, Lucas 21, 12-19, el Señor invita a levantar la mirada. Meditemos algunas ideas.

En primer lugar, Jesús vale la vida. Quizás alguien después de recibir la novedad de la Palabra de hoy, podría llegar a preguntarse si vale la pena seguir al Señor, si vale la pena mantener este camino de fe. Claro, porque si creyendo tengo estos problemas, a lo mejor voy a estar más en paz lejos de Dios. Es que el Señor no te disfraza las cosas sino que te muestra la realidad. No es un camino fácil pero descubrimos que su gracia está con nosotros, que nos acompaña y no nos abandona. No hay que desesperarse, está todo en sus manos.
Cuando pasamos situaciones difíciles, se usa la expresión “tengo el agua hasta el cuello”. ¿Cómo no ahogarnos con los problemas? Es sencillo creer cuando todo está bien, pero ¿cómo se hace para sostener la fe y confianza en Dios en medio de las complicaciones? Bueno, los momentos de crisis y dificultad son una oportunidad de mirar a Jesús para seguir. El Señor te avisa que vas a tener cruz, el evangelio no tiene letra chica, no tiene engaño. Pero, a toda dificultad le llega su consuelo. Hay que quedarse con el consuelo de Dios, no tener miedo, recobrar el aliento y dar testimonio porque Él tiene contados hasta nuestros cabellos, Él no abandona. Sé perseverante y acordate de las promesas de Dios. No veas el discipulado como una carga: confiar en Dios no vale la pena, vale la vida, dejá todo delante de Jesús. La invitación que nos hace el Señor es a no perder la esperanza. Te asiste su gracia, su amistad. Todo es gracia. Acordate que lo que aparenta ser un fracaso, es el inicio de su victoria. No tengas miedo de las dificultades porque la última palabra la tiene el Señor.

En segundo lugar, viví la constancia. El Señor dice “gracias a la constancia salvarán sus vidas”. ¿De qué constancia habla Jesús? Bueno, de la constancia en la fe, de la constancia en el saberse sostenido por Dios, de la confianza de saber que Él te cuida y que estás en la palma de su mano. Permanecer en Jesús es un “estar con Él” constante. Constancia es saber que, incluso en medio de las pruebas y dificultades, uno sigue cerca de Jesús. Pasamos por momentos difíciles pero no nos desanimamos porque sabemos que Dios nos capacita. Si seguimos a Jesús con su poder, a su manera y con su sabiduría, nada malo nos va a pasar. Nadie dijo que este camino va a ser fácil, pero Dios te promete que va a estar con vos. Preguntate también: cuando las cosas se complican, ¿te acercás a Dios o te alejás?

Por último, Dios es providente. Dios nos conoce mejor que nosotros mismos. Él sabe lo que necesitamos y nos concede su gracia en todo momento. Esta Buena Noticia y certeza es la que nos mueve a ser firmes en la Fe, la que nos impulsa y sostiene a seguir anunciando y mostrando su Vida en nosotros, en palabras y en obras, a seguir construyendo su reino, en medio de desilusión y el sufrimiento, en medio de la incomprensión, de la burla, del desinterés, del cansancio. No absolutices lo relativo, no te preocupes tanto, empezá a ocuparte. Confiá en Dios.

Que tengas un buen día, y que la bendición de Dios, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo, te acompañe siempre. Amén.