Martes 9 de Noviembre de 2021 – Evangelio según San Juan 2,13-22

miércoles, 3 de noviembre de
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Se acercaba la Pascua de los judíos. Jesús subió a Jerusalén y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas sentados delante de sus mesas.  Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y sus bueyes; desparramó las monedas de los cambistas, derribó sus mesas y dijo a los vendedores de palomas: “Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio”. Y sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura: El celo por tu Casa me consumirá. Entonces los judíos le preguntaron: “¿Qué signo nos das para obrar así?”. Jesús les respondió: “Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar”. Los judíos le dijeron: “Han sido necesarios cuarenta y seis años para construir este Templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?”. Pero él se refería al templo de su cuerpo. Por eso, cuando Jesús resucitó, sus discípulos recordaron que él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que había pronunciado.

 

 

 

Palabra de Dios

P. Matías Burgui, sacerdote de la Arquidiócesis de Bahía Blanca.

 

Hoy nos unimos a toda la Iglesia para celebrar la fiesta de la dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán, el primer templo de la cristiandad, la iglesia más antigua del mundo, y por eso recibe el título de “cabeza y madre de todas las iglesias”. Entonces, la Palabra que compartimos hoy, en el Evangelio, nos invita a meditar este pasaje, que al principio nos puede confundir un poco. No parece el Jesús al que estamos acostumbrados, vemos un aspecto nuevo del Señor. Cuando Jesús sube a Jerusalén y va al templo, se encuentra con que habían hecho de él un mercado. Por eso reacciona y hace un látigo para sacar a todos los que están ahí vendiendo. Hoy la palabra que más suena es “templo”, así que tratemos de llevar a nuestra vida lo que nos propone el Evangelio.

En primer lugar, vos sos templo. ¿Sabés cuál es el santuario más lindo de Dios? Bueno, es tu persona, sos vos. La Palabra nos recuerda que vos sos templo y por eso en este pasaje encontramos a Jesús purificando el templo de los mercaderes. ¿Por qué el maestro, cuando habla del templo, habla de su propio Cuerpo? En las iglesias está la presencia de Jesús Eucaristía, pero vos sos el templo donde habita el Espíritu Santo. No permitas que los nuevos mercaderes de hoy negocien con tu vida. Sos santuario de la presencia de Dios, valés mucho, y es bueno reconocerlo. A veces somos muy meticulosos en cuidar el edificio, la parte exterior, pero maltratamos nuestra vida espiritual, maltratamos a nuestros hermanos… Así que hoy, pase lo que pase, digan lo que te digan, acordate que sos casa de Dios y pregúntate cuáles son esos mercaderes, esas personas, esas situaciones que están negociando hoy con tu paz, con tu alegría. ¿Estás vendiendo tu paz por poco? Bueno, acordate que el Señor quiere sacar de tu corazón todo lo que te aleje de Él. Pensalo un poco.

Por último, sos casa de ración. No te olvides que uno de los aspectos centrales de nuestra vida de fe es el diálogo vivo, sincero y eficaz con Dios, es la oración. Sin la oración todo se cae, a la larga o a la corta. Es en la oración donde vos y yo descubrimos nuestra identidad, nuestra misión. Pero no hay que desesperarse si por ahí nos cuesta la oración. Es un hábito que se tiene que ir adquiriendo con la gracia de Dios porque nuestra predisposición a veces no ayuda. Pero que cueste no es pecado. Sí es necesario dedicarle interés. No preocuparse, pero sí ocuparse. ¿Y cómo lo podemos hacer? Bueno, aceptá que te podés distraer, sos humano; Aceptá que sos frágil y poné ese momento en manos de Dios, encomendate al Señor. La oración no es apartarse tampoco de tu vida cotidiana sino justamente lo contrario, llevarla al encuentro con Dios. Pedí, ofrecé y agradecé por lo de todos los días, no inventes cosas difíciles, que sea con tu día a día. Prepará un espacio y un momento específico para orar también, tratá de tener tu momento de encuentro con Dios. Buscá el silencio exterior pero también el interior, tratá de bajar un cambio. Intentá escribir lo que te pasa antes, durante y después. Ponete cómodo, pero no te duermas. No permitas que se pierda el contacto con la Palabra de Dios, usá la Biblia. No te olvides que tu tiempo de oración es tuyo y, si vos no te ocupás, nadie lo va a hacer por vos. Que tu vida sea casa de oracón.

Que tengas un buen día y que la bendición de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te acompañe siempre. Amén.