Sábado 01 de Julio de 2023 – Evangelio según San Mateo 8,5-17

jueves, 29 de junio de
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Al entrar en Cafarnaún, se le acercó un centurión, rogándole”:”Señor, mi sirviente está en casa enfermo de parálisis y sufre terriblemente”.Jesús le dijo: “Yo mismo iré a curarlo”.Pero el centurión respondió: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará.Porque cuando yo, que no soy más que un oficial subalterno, digo a uno de los soldados que están a mis órdenes: ‘Ve’, él va, y a otro: ‘Ven’, él viene; y cuando digo a mi sirviente: ‘Tienes que hacer esto’, él lo hace”.Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían: “Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel que tenga tanta fe.Por eso les digo que muchos vendrán de Oriente y de Occidente, y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob, en el Reino de los Cielos”.en cambio, los herederos del Reino serán arrojados afuera, a las tinieblas, donde habrá llantos y rechinar de dientes”.Y Jesús dijo al centurión: “Ve, y que suceda como has creído”. Y el sirviente se curó en ese mismo momento.Cuando Jesús llegó a la casa de Pedro, encontró a la suegra de este en cama con fiebre.Le tocó la mano y se le pasó la fiebre. Ella se levantó y se puso a servirlo.Al atardecer, le llevaron muchos endemoniados, y él, con su palabra, expulsó a los espíritus y curó a todos los que estaban enfermos,para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías: El tomó nuestras debilidades y cargó sobre sí nuestras enfermedades.

Palabra de Dios

Padre Sebastián García | Sacerdote de la Congregación del Sagrado Corazón de Jesús de Betharam

Una de las cosas que más puede llamarnos la atención en el relato del evangelio de hoy es la alabanza de la gran fe del centurión romano en labios de Jesús. “Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel que tenga tanta fe”. Con estas palabras se refiere Jesús. Ahora bien, llama más la atención que la fe del centurión está puesta en la persona y por tanto, entonces, en la palabra.

“Señor, no soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará” es una clara referencia que el centurión cree en Jesús y en él pone toda su confianza. Se siente indigno de que Jesús vaya a su casa y lo visite, con lo poderoso de este signo para la cultura de Jesús y de muchas culturas: sentarse a la mesa. ser invitado, compartir la misma vida. Al centurión no le quedan dudas que como cree en Jesús y le cree a Jesús, confía en su palabra. No hace falta que él en persona vaya a verlo, porque el centurión ya cree. Cree en Jesús, le cree a él y cree que tiene poder sobre los demonios y la maldad.

Así entiende que la palabra es una continuación, una prolongación de la misma persona. El centurión se fía de la palabra que Jesús le va a dar. Por eso es que lo lleva a confesar como nosotros en la misa: “basta que digas una palabra”. Allí aparece todo lo necesario para la fe. Ya no sólo es creer en alguien sino además creerle a ese alguien, que puede y tiene poder.

Quizás lo que quiere poner de manifiesto la comunidad de Mateo es que una fe sólida y verdadera se da por la aceptación de la palabra de Jesús y no por su sola presencia física y material. Algo así como la teología del evangelio de San Juan. Es más perfecto el discípulo que cree sin haber visto que aquel que sí. De manera semejante, en Mateo, un auténtico discípulo de Jesús es aquel que se fía de su palabra. Palabra que nos llega a nosotros por la predicación de la Iglesia. Es decir, la fe en Jesús es una fe testimonial y comunitaria, basada en la transmisión y la vida en común.

Por eso es que Jesús además de alegrarse por la fe del centurión se alegra de que vendrán muchos de Oriente y Occidente. Porque el fiarse de la palabra de Jesús, como hace el centurión, no está ceñido a un origen étnico o religioso sino a un corazón que buscando ser salvado se abra a la ternura y la misericordia de Dios. Somos nosotros, que venidos de allí y mucho después en el tiempo nos seguimos encontrando con Jesús por su Palabra; de tal modo que vivimos la fe por esa misma Palabra que nos ha dado. Somos el Pueblo de la Palabra de Dios, sabiendo que la Palabra es Jesús y nosotros en su palabra confiamos, creemos y esperamos.

Hoy es una linda invitación a abrir el corazón y examinarnos en nuestra manera de creer y esperar. Porque muchas veces somos aquellos que queremos visiones y profecías mal entendidas y pensamos que solo podemos creer en Jesús si este se nos aparece materialmente. Ciertamente no. Nuestra fe será más perfecta en la medida en que sea cada vez más mística, es decir, que se fíe y confíe en la palabra. en lo dicho, en la promesa de Jesús de Nazaret. Y seremos sus más perfectos discípulos no por verlo en “carne y hueso” sino por creer en su palabra y ponerla por acto, sabiendo que el acto más perfecto que podemos tener con nuestros hermanos es la caridad.