Sábado 20 de Febrero del 2021 – Evangelio según San Lucas 5,27-32

jueves, 18 de febrero de
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Jesús salió y vio a un publicano llamado Leví, que estaba sentado junto a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: “Sígueme”. El, dejándolo todo, se levantó y lo siguió.

Leví ofreció a Jesús un gran banquete en su casa. Había numerosos publicanos y otras personas que estaban a la mesa con ellos.
Los fariseos y los escribas murmuraban y decían a los discípulos de Jesús: “¿Por qué ustedes comen y beben con publicanos y pecadores?”.

Pero Jesús tomó la palabra y les dijo: “No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se conviertan”.

 

Palabra de Dios

Padre David Pintos sacerdote de la Diócesis de San Ramón de la Nueva Orán

 

En el evangelio de san Lucas que hoy meditamos, nos narra una conversión, la conversión de Levi.

“Jesús salió y vio a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos, le dijo Sígueme”. Sabemos, por otros pasajes de la Escritura (recordemos a Zaqueo), que los publicanos cobraban al pueblo los impuestos por los romanos, por lo que se los consideraba “colaboracionistas”. Además, se ocupaban de cobrar los impuestos al pasar las mercaderías de un pueblo a otro, los que los hacía impuros, con el agravante de que fijaban los cobros según les interesaba. Eran calificados de pecadores.

En los evangelios de Lucas y Marcos, al narrar el mismo episodio, el publicano, recibe el nombre de Leví; en el de Mateo, este escribe su propio nombre. El publicano, al escuchar al Maestro, “dejándolo todo, se levantó y lo siguió”. Ante la mirada de Jesús, mirada adorable, vivificadora, mirada amorosa y transformadora, Leví se convirtió en seguidor de Dios, en el apóstol Mateo.
Después vemos un signo de conversión en la escena en la casa del antiguo publicano. Leví, lleno de alegría, ofreció un banquete en honor de Jesús, banquete del que participaban sus amigos, publicanos y pecadores como él. Y con esa participación en la fiesta, Jesús y sus discípulos, escandalizaron nuevamente a los fariseos. “¿Cómo es que comen con publicanos y pecadores?”.

Qué linda respuesta la de Jesús. “No son los sanos los que tienen necesidad de médicos, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, para que se conviertan”. ¡Viene a llamarnos a nosotros, a los pecadores para que nos convirtamos, viene a llamarnos a nosotros, los enfermos, para curarnos! ¡Qué infinita es su misericordia! Su Amor es incansable.

Una y otra vez, nos mira y nos llama: “Sígueme”. Contemplando esa mirada y escuchando su llamada…¿cómo le responderemos hoy, en esta Cuaresma que recién se inicia?