Sábado 22 de Mayo de 2021 – Evangelio según San Juan 21,20-25

lunes, 17 de mayo de
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Pedro, volviéndose, vio que lo seguía el discípulo al que Jesús amaba, el mismo que durante la Cena se había reclinado sobre Jesús y le había preguntado: “Señor, ¿quién es el que te va a entregar?”. Cuando Pedro lo vio, preguntó a Jesús: “Señor, ¿y qué será de este?”. Jesús le respondió: “Si yo quiero que él quede hasta mi venida, ¿qué te importa? Tú sígueme”. Entonces se divulgó entre los hermanos el rumor de que aquel discípulo no moriría, pero Jesús no había dicho a Pedro: “El no morirá”, sino: “Si yo quiero que él quede hasta mi venida, ¿qué te importa?”. Este mismo discípulo es el que da testimonio de estas cosas y el que las ha escrito, y sabemos que su testimonio es verdadero. Jesús hizo también muchas otras cosas. Si se las relata detalladamente, pienso que no bastaría todo el mundo para contener los libros que se escribirían.

Palabra de Dios

P. David Pintos sacerdote de la Diócesis de Orán

 

 

Nos encontramos con el fragmento final del Evangelio de San Juan. Un Evangelio considerado como uno de los más profundos que debe meditarse con una apertura muy grande del corazón. Contemplar el Evangelio desde un corazón enamorado dispuesto a abandonarse totalmente en los brazos de nuestro buen Dios.

Nos encontramos en la escena, a Jesús con dos discípulos, Pedro y Juan, que son distintos en personalidades pero que supieron amar a Cristo de una manera muy especial. Puede parecer que a Pedro le molesta la presencia de Juan al decirle a Jesús “¿y este qué?, pero después comprende que todos los que creemos en Jesús, todo lo que seguimos al maestro somos hermanos, en Jesús estamos unidos, en Jesús tenemos que estar unidos unos con otros, el seguimiento a Jesús sólo es posible en relación con otros. De tal manera que nadie puede decir que sigue a Jesús y dejar de lado a los demás. Y es lo que nos enseña después de Pedro y Juan, sobre el amor que nos tenemos que tener los unos a los otros cumpliendo con el mandato nuevo del amor de Jesús. Por eso tenemos que aprender que nuestra fe, no es una fe individualista o egoísta. Sino que nuestra fe es una fe fraterna. Porque como nos enseña el Papa Francisco en el contexto de la Pandemia que estamos viviendo “Nadie se salva sólo. Todos navegamos en la misma barca” donde Jesús es nuestro capitán.

Estamos ya en las vísperas de la fiesta de Pentecostés, la fiesta del Espíritu Santo. Le pidamos juntos al Espíritu Santo que encienda nuestros corazones en el amor y seguimiento a Jesús. Le pidamos al Espíritu Santo que nos ayude a ser más unidos como Iglesia y Sociedad, que consolide más y más la unidad y comunión entre nosotros.