Viernes, 18 de agosto de 2017

Cuidar a un niño

Viernes, 18 de agosto de 2017
image_pdfimage_print

10403729_10205033219806651_5711451143272593543_o

18/08/2017- A pocos días de celebrar el Día del Niño, el P. Ángel Rossi compartió con Radio María las palabras de Agustina, una voluntaria de la Casa de los Niños de Manos Abiertas que, inspirada en esta experiencia, hizo esta hermosa reflexión sobre los más pequeños.

Cuidar a los niños es protegerlos del presente, no del futuro.
La niñez es a forma más sencilla y transparente de pensar este mundo.
Cuando somos niños, tenemos todo por descubrir. Nos sentimos útiles y poderosos.
Allí, en la niñez, para los niños, la casita y las muñecas son familia.
Allí, empujar un camión es recorrer largas rutas.
Para los niños, los animales hablan, un plato de comida es felicidad,una toalla en la espalda les basta y le sobra para ser héroes.

La cercanía de los niños nos enseña mucho de lo que ya olvidamos.
Aprendemos a ver el mundo desde abajo, con una mirada que se deja sorprender, con oídos dispuestos a escuchar algo distinto.
En la niñez, los escondites son señal de aventura y no de soledad.
Para el niño, el orgullo es atarse solo los cordones.
Cuando somos niños, la música se crea con una lata.

Estar cerca de los niños es estar cerca de la esperanza, porque en ellos todo esta por venir.
Ellos se convierten en guionistas, creando diálogos con osos de peluche.
Para ellos, nuestros brazos son refugio y el cielo es alcanzable.
Los niños no son conscientes de la esclavitud. Para ellos, una bicicleta es libertad.
Cuando somos niños, para estar cómodos, nos basta un piso donde sentarse.
La gloria es un patio donde poder correr. Y perder es la oportunidad de cambiar de juego.
Para los niños, las penitencias son un llanto pasajero.

Proteger a los niños es alimentarlos de un mundo que esté alejado de la adultez vacía.
Es enseñarles que el reto no sugiere culpa sino aprendizaje.
Proteger a un niño es enseñarle que un libro no se rompe
y que, para hacer un trencito se necesitan otros niños.
Protegerlos es bailar con ellos y sanar sus heridas con un soplo.

No se necesitan grandes acciones para curar sus vacíos, sólo basta un cuento.
No se necesita regalarles caramelos para ganar su cariño, sino darles besos de verdad.
No se necesita mayor inteligencia para explicarles donde está Dios,
sólo basta con enseñarles y señalarles el corazón de ellos y de los otros.

A veces nosotros necesitamos mirar hacia atrás y vernos siendo niños.
Quizás así logremos perder algunos miedos, nos invitemos a descubrir nuevos juegos
y nos dejemos sorprender por lo desconocido.
Quizás nos alimentemos un poco mas de franquezas, tengamos mayores esperanzas.
Quizás nos veamos débiles y pequeños, pero significantes.
Quizás logremos sentir las miles de manos que nos quieren alzar y nos reconozcamos
con una sonrisa frente al espejo.
Quizás valoremos la sencillez y no nos dejemos atrapar tanto por la realidad.
Tal vez necesitemos que ellos nos protejan a nosotros, nos espanten los monstruos
y nos exijan la paz.

Quizás cuidar niños sea una hermosa forma de cuidar de nosotros mismos.
Quizás son ellos quienes nos podrán sanar de algo. Quizás de mucho. Quizás de todo.

Al finalizar, el P. Rossi invitó a que “el domingo sea un día de alegría para ellos y sobretodo que los adultos nos avivemos para cuidarlos con la delicadeza que ellos merecen”.