miércoles, 16 de mayo de 2018

El Espíritu Santo dará libertad a los hijos de Dios, a través de Pentecostés

miércoles, 16 de mayo de 2018
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16/05/2018 – Con su poder y dinamismo, el fuego refleja los atributos divinos. Y por eso María Gloria Ladislao eligió a este elemento vital para desarrollar el tema de “Destellos Cotidianos” e indicó que “son varios los pasajes bíblicos en los cuales Dios se presenta en forma de fuego para comunicar su fuerza y transmitir su Palabra”. La especialista en textos bíblicos recordó que “entre las propiedades del fuego está la de iluminar y por eso su simbología se asocia a la luz. Por ello representa la inteligencia, la imaginación, la sabiduría, la ´chispa creativa`”. Ladislao agregó que “el fuego se mueve y calienta a quien se acerca, y con eso sugiere imágenes de poder, de energía y de vitalidad. Además, el calor que produce es indispensable para crear condiciones de vid. Asimismo, el fuego quema y aquí reside su asociación con la idea de peligro, la destrucción y la purificación. El fuego tiene, por todo esto, una simbología positiva y negativa. El fuego es bueno porque produce calor y posibilita la vida. El fuego es dañino porque quema puede ser irrefrenable si se expande rápidamente”.

La especialista sostuvo que “por todas sus propiedades, el fuego es un símbolo adecuado para hablar de Dios en sus manifestaciones de poder, energía, expansión y generación de vida. Así es que aparece en numerosas teofanías o manifestaciones de Dios en la Biblia, como con la alianza con Abraham en el Génesis; o en la vocación de Moisés, la alianza con el pueblo de Israel y en el acompañamiento del pueblo en el desierto, todos estos relatos en el libro del Éxodo”.

La profesora Ladislao indicó, por otra parte, que “la fiesta cristiana de Pentecostés, al igual que la Pascua, tiene sus raíces en la tradición judía. En esa fiesta, el pueblo judío celebra la entrega de las Tablas de la Ley hecha por Dios, a través de Moisés, a su pueblo reunido en el Sinaí. Es la fiesta de la Alianza, y en hebreo se la llama Shavuot, es decir, fiesta de las semanas, porque debe hacerse siete semanas después de la Pascua. La Pascua judía celebra la liberación de Egipto y Shavuot celebra que, en el desierto, Dios da su Ley indicando a este pueblo naciente el estilo de vida que asumirá de ahí en más: los mandamientos. Así, vemos que en la tradición judía Pascua y Pentecostés están íntimamente unidos. El pueblo, liberado de la esclavitud de Egipto, asume con los diez mandamientos un estilo de vida propio. Con la Alianza del Sinaí se compromete a ser pueblo de Dios y a vivir de ese modo: ´Haremos todo lo que ha dicho Yavé`”.

Finalmente, Ladislao manifestó que “en el relato cristiano de Pentecostés, varios elementos evocan el Sinaí. En primer lugar, ambos son acontecimientos de los cuales participa todo el pueblo reunido. Están los Doce, está María, están las mujeres de la comunidad, están los otros discípulos, en ese número redondo de ciento veinte, dándonos ya la imagen de una iglesia que irá creciendo en pequeñas comunidades alrededor de los apóstoles. La comunidad cristiana está toda reunida en un lugar alto”` y hay un ruido que viene del cielo con fuego, así como en el Sinaí, Dios descendió sobre el monte con ruido de trompeta y con fuego. La casa se llena toda con el viento, así como el monte Sinaí retemblaba todo con la presencia de Dios. En el Sinaí, Dios regaló su Ley como norma de vida; ahora se regala Él mismo en el Espíritu Santo para conducir a su pueblo, la Iglesia. A esta Iglesia naciente de la Pascua, el Espíritu Santo, en Pentecostés, le da el estilo de vida por el cual será conducida ´sin estar bajo la ley`, en la libertad de los hijos e hijas de Dios. Una vida que no estará pendiente de cada mandamiento de la Ley, sino que será tener el corazón maleable y disponible para que el Espíritu Santo actúe”.