21/06/2021 – “¡Cuántas veces dejamos al Señor en un rincón, en el fondo de la barca de la vida, para despertarlo solo en el momento de la necesidad!”. Con esas palabras el Papa Francisco lamentó que en muchas ocasiones los fieles se olvidan del Señor, y sólo recurren a Él cuando se encuentran en dificultades.
Durante el rezo del Ángelus este domingo 20 de junio desde el Palacio Apostólico del Vaticano, el Santo Padre afirmó que “el miedo nos hace ver las dificultades, los problemas complicados, y no mirar a Jesús”.
En su comentario del Evangelio del día previo al rezo del Ángelus, el Pontífice explicó la escena evangélica en la que Jesús y sus discípulos padecen una tempestad cuando navegaban por el mar de Galilea.
“La barca en la que los discípulos atraviesan el lago es asaltada por el viento y las olas y ellos temen hundirse. Jesús está con ellos en la barca, sin embargo, se queda en la popa durmiendo sobre un cabezal. Los discípulos, llenos de miedo, le gritan: ‘Maestro, ¿no te importa que perezcamos?’”.
El Papa explicó que “muchas veces también nosotros, asaltados por las pruebas de la vida, hemos gritado al Señor: ‘¿Por qué te quedas en silencio y no haces nada por mí?’. Sobre todo, cuando parece que nos hundimos”.
“Son muchos los momentos en los cuales nos sentimos en medio de una tempestad, nos sentimos casi acabados. En estas situaciones y en muchas otras, también nosotros nos sentimos ahogados por el miedo y, como los discípulos, corremos el riesgo de perder de vista lo más importante”.
Sin embargo, el Santo Padre insistió en que “en la barca, incluso si duerme, Jesús está, y comparte con los suyos todo lo que está sucediendo. Su sueño, por un lado, nos sorprende, y por el otro nos pone a prueba”.
Pero, en cualquier caso, “el Señor, está ahí, pendiente. Espera que seamos nosotros los que le impliquemos, le invoquemos, le pongamos en el centro de lo que vivimos. Su sueño nos provoca el despertarnos. Porque, para ser discípulos de Jesús, no basta con creer que Dios está, que existe, sino que es necesario involucrarse con Él, es necesario también alzar la voz con Él, gritarle a Él”.
En ese sentido, Francisco señaló que “la oración muchas veces es un grito: ‘Señor, sálvame’. Hoy es el Día del Refugiado. Muchos que vienen en barco, en el momento de hundirse, gritan: ‘Sálvame’. También en nuestra vida sucede lo mismo: ‘Señor, sálvame’, y la oración se convierte en un grito”.
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