El Papa: salvar a los cristianos de Oriente de la precariedad, hija de la guerra

jueves, 18 de junio de 2026

18/06/2026 – (Fuente: Vatican News) En la audiencia a los miembros de la Roaco, el organismo que reúne las obras de ayuda a las Iglesias orientales católicas, nuevo llamamiento de León XIV a reflexionar sobre las consecuencias a largo plazo de los conflictos. Consecuencias que, desde el trabajo precario hasta la sanidad a trompicones, «devoran la esperanza e impiden la construcción del futuro», favoreciendo la emigración de “tantos hermanos y hermanas nuestros en la fe, especialmente en Oriente Medio”.

León XIV lanza un nuevo llamamiento “a reflexionar sobre las consecuencias de la guerra y de la precariedad, y a prevenirlas con inteligencia y responsabilidad”, por los dramas a largo plazo que generan en las poblaciones afectadas, trayendo miedo e inseguridad. Trabajo precario, salarios discontinuos, sanidad a trompicones e instrucción provisional, devoran la esperanza e impiden la construcción del futuro, favoreciendo la emigración de “tantos hermanos y hermanas nuestros en la fe, especialmente en Oriente Medio”. Lo hace al encontrarse esta mañana, 18 de junio, con los miembros de la Roaco, el organismo que reúne las obras de ayuda a las Iglesias orientales católicas, al término de la asamblea plenaria anual. El Pontífice, en su discurso en inglés, mira al centenar de líderes y operadores de asociaciones y entes caritativos y de ayuda y piensa “en el servicio silencioso y benéfico que realizáis, y en los tantos benefactores que a través de vosotros destinan recursos a quien tiene necesidad”.

“No puedo no pensar en cuánto dinero, en esta oscura coyuntura histórica, es desperdiciado para matar, tirado a la basura por tantos que fomentan las guerras.”

La dolorosa hemorragia de los cristianos orientales de su tierra

Mientras vosotros “abrís vías de esperanza” subraya el Papa, “ellos encierran a los pueblos en el miedo; mientras vosotros construís futuro, ellos destruyen el presente”. Cómo no pensar en la dolorosa hemorragia de los cristianos orientales de sus territorios propios, causada ante todo por la guerra que, lo reitero, no resuelve problemas, sino que crea tragedias, tragedias a menudo dejadas caer en el olvido general.

La guerra, en el tiempo, genera miedo e inseguridad

Hija de la guerra, denuncia, es la precariedad, “que continúa desangrando sobre todo a las iglesias orientales”. Una precariedad que “asfixia las posibilidades de desarrollo y recae siempre sobre la piel de los más pobres”. En los países afectados por conflictos “sobre los cuales después ha caído el silencio”, recuerda el Papa León XIV, las sociedades “están debilitadas por la inestabilidad de las instituciones, por la presencia de bandas armadas que se reparten el territorio” pero también “por una política condicionada y no rara vez manipulada por agentes e intereses externos, que no opera con libertad, sino que se las arregla entre mil subterfugios, acuerdos secretos e intereses de parte”. Esto hace que en muchos países el miedo y la inseguridad dominen en todas partes: el trabajo parece precario, el pago de los salarios discontinuo, la sanidad, cuando funciona, va a trompicones, la educación es provisional. Y esto en detrimento de la gente común, de las familias, de los niños y de los jóvenes, de los ancianos y de los enfermos.

Recemos para que las conciencias sean sensibles a la indignación

El Papa reitera que “todo esto no es fruto de un destino inevitable, sino de libres elecciones y por tanto de responsabilidades moralmente imputables”. La historia demuestra cómo las tramas de la violencia y de la prepotencia, del poder y del dominio, de las ganancias conseguidas sin justicia y sin escrúpulos, se vuelven no solo contra quien las sufre, sino también contra quien las persigue. ¡Recemos a Jesús, Señor de la paz, y solicitemos a las conciencias para que sean sensibles a la indignación; y se despierten el respeto por la humanidad y un debido sentido de civilización! El agradecimiento de León XIV, desde lo profundo del corazón, es para los tantos donantes que, en nombre del Evangelio, “continúan comprometiéndose a poner remedio a tanta inhumanidad”.

Apoyo a la formación en los seminarios y colegios orientales

En la primera parte de su intervención, el Pontífice hace referencia al tema específico de los trabajos de la plenaria anual, guiada por el prefecto del Dicasterio para las Iglesias Orientales, el cardenal Claudio Gugerotti. Además del trabajo en los proyectos de ayuda a las Iglesias Orientales Católicas, las reflexiones de la Roaco se han concentrado en la formación de los clérigos y de los monjes en los seminarios y en los colegios orientales. Para el Papa León una elección oportuna: Socorrer a una Iglesia, de hecho, no significa solo proveerla de medios materiales de subsistencia, sino también ayudarla a crecer en su identidad y en su fuerza evangelizadora, que se apoyan en la formación de los ministros, llamados a difundir sus riquezas espirituales. Y las comunidades católicas orientales custodian muchas de ellas, compartiéndolas con los hermanos y las hermanas de las Iglesias Ortodoxas.

Los tesoros de las tradiciones espirituales y de la liturgia oriental

Esto porque las Iglesias Orientales Católicas “tienen un gran don” para toda la Iglesia Católica, a menudo ignorante “de abrazar en su interior tradiciones eclesiales diversas”. La Iglesia de hecho está unida, “pero no es uniforme”, recuerda el Papa León. Las tradiciones espirituales orientales son tesoros que “nos hace bien profundizar” con los millones de hermanos y hermanas orientales católicos, “mientras auguramos pasos hacia adelante hacia la plena unidad con todas las Iglesias Orientales”. Todas las antiguas Iglesias de Oriente nos remontan de hecho a los orígenes de la fe, hacen resplandecer la luz de la gracia a través de liturgias densas de sacralidad, manifiestan en el culto de alabanza el misterio de Dios a adorar, testimonian la potencia de la oración de intercesión, ofrecen contenidos espirituales que llenan el corazón de maravilla y grato estupor por la belleza que desvelan.

El Oriente cristiano se custodia solo si se le conoce

León XIV aclara entonces que al Oriente cristiano “se le custodia solo si se le conoce: perder su conocimiento significa empobrecer a la Iglesia. Pero para aprenderlo y amarlo es necesario invertir en la formación”. Por esto la elección de los participantes en la plenaria de ayudar a promover la formación de los ministros sagrados, “poniéndoos a la escucha de algunos especialistas que se dedican a ello, como habéis hecho en estos días”, comenta el Pontífice, es un hermoso signo de concreta atención a estas Iglesias. La invitación final es a cultivar siempre la vida spiritual, porque las obras de bien no llevan fruto duradero “si no se alimentan en la fuente del bien, que es Dios”.