Mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial del Enfermo 2022

martes, 4 de enero de 2022
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04/01/2021 – El Vaticano publicó el Mensaje del Papa Francisco para la próxima Jornada Mundial del Enfermo que se llevará a cabo el 11 de febrero de 2022 con el tema: “Sean misericordiosos así como el Padre de ustedes es misericordioso. (Lc 6,36). Estar al lado de los que sufren en un camino de caridad”.

Se trata de la XXX Jornada Mundial del Enfermo, ocasión que se celebra cada año el 11 de febrero, memoria litúrgica de la Virgen de Lourdes.

“El enfermo es siempre más importante que su enfermedad y por eso cada enfoque terapéutico no puede prescindir de escuchar al paciente, de su historia, de sus angustias y de sus miedos. Incluso cuando no es posible curar, siempre es posible cuidar, siempre es posible consolar, siempre es posible hacer sentir una cercanía que muestra interés por la persona antes que por su patología”. En su mensaje para esta jornada, que lleva por título “‘Sean misericordiosos así como el Padre de ustedes es misericordioso’ (Lc 6,36). Estar al lado de los que sufren en un camino de caridad”, el Papa lanza un llamamiento en favor del cuidado, más allá de la curación física.

Treinta años después de la institución de esta jornada, Bergoglio agradece la labor realizada, pero pide más. “Se ha avanzado bastante, pero todavía queda mucho camino por recorrer para garantizar a todas las personas enfermas, principalmente en los lugares y en las situaciones de mayor pobreza y exclusión, la atención sanitaria que necesitan, así como el acompañamiento pastoral para que puedan vivir el tiempo de la enfermedad unidos a Cristo crucificado y resucitado”, apunta.

El Papa clama por la misericordia como “fuerza y ternura a la vez”, recordando la “atención particular de Jesús hacia los enfermos”, hasta el punto de que “se convierte también en la obra principal de la misión de los apóstoles, enviados por el Maestro a anunciar el Evangelio y a curar a los enfermos”. A los que padecen enfermedad y a los que sufren la fragilidad: “También su corazón se entristece, el miedo crece, los interrogantes se multiplican; hallar respuesta a la pregunta sobre el sentido de todo lo que sucede es cada vez más urgente”, añade.

Enfermos que mueren solos

“Cómo no recordar, a este respecto, a los numerosos enfermos que, durante este tiempo de pandemia, han vivido en la soledad de una unidad de cuidados intensivos la última etapa de su existencia atendidos, sin lugar a dudas, por agentes sanitarios generosos, pero lejos de sus seres queridos y de las personas más importantes de su vida terrenal”, evoca Francisco, quien invita a “contar con la presencia de testigos de la caridad de Dios que derramen sobre las heridas de los enfermos el aceite de la consolación y el vino de la esperanza, siguiendo el ejemplo de Jesús”.

Dirigiéndose a los agentes sanitarios (médicos, enfermeros, personal…), Bergoglio les pide que “sus manos, que tocan la carne sufriente de Cristo, pueden ser signo de las manos misericordiosas del Padre”. “Sean conscientes de la gran dignidad de su profesión, como también de la responsabilidad que esta conlleva”.

Cada persona, singular

Al tiempo, el papa bendice “los progresos que la ciencia médica ha realizado, sobre todo en estos últimos tiempos”. “Las nuevas tecnologías han permitido desarrollar tratamientos que son muy beneficiosos para las personas enfermas; la investigación sigue aportando su valiosa contribución para erradicar enfermedades antiguas y nuevas; la medicina de rehabilitación ha desarrollado significativamente sus conocimientos y competencias”, apunta el Papa, quien pide “no olvidar la singularidad de cada persona enferma, con su dignidad y sus fragilidades”, pues “el enfermo es siempre más importante que su enfermedad”.

La impagable labor de los centros católicos

También agradece el Papa la labor de los centros de asistencia sanitaria, auténticas “posadas del buen samaritano”, para “acoger y curar a enfermos de todo tipo, sobre todo a aquellos que no encontraban respuesta a sus necesidades sanitarias, debido a la pobreza o a la exclusión social, o por las dificultades a la hora de tratar ciertas patologías”, gestionadas por misioneros que “acompañaron el anuncio del Evangelio con la construcción de hospitales, dispensarios y centros de salud”.

Un trabajo “valioso” especialmente “en los habitantes de las zonas más pobres del planeta, donde a veces hay que recorrer largas distancias para encontrar centros de asistencia sanitaria que, a pesar de contar con recursos limitados, ofrecen todo lo que tienen a su disposición”.

Falta de vacunas y tratamientos

“Aún queda un largo camino por recorrer y en algunos países recibir un tratamiento adecuado sigue siendo un lujo. Lo demuestra, por ejemplo, la falta de disponibilidad de vacunas contra el virus del Covid-19 en los países más pobres; pero aún más la falta de tratamientos para patologías que requieren medicamentos mucho más sencillos”, destaca el Papa, que reivindica las instituciones sanitarias católicas, “un tesoro precioso que hay que custodiar y sostener”.

“En una época en la que la cultura del descarte está muy difundida y a la vida no siempre se le reconoce la dignidad de ser acogida y vivida, estas estructuras, como casas de la misericordia, pueden ser un ejemplo en la protección y el cuidado de toda existencia, aun de la más frágil, desde su concepción hasta su término natural”, finaliza el Papa, denunciando que “la peor discriminación que padecen los pobres —y los enfermos son pobres en salud— es la falta de atención espiritual”, por lo que “no podemos dejar de ofrecerles la cercanía de Dios, su bendición, su Palabra, la celebración de los sacramentos y la propuesta de un camino de crecimiento y maduración en la fe”.

Por último, un llamamiento a los enfermos y sus familiares: “Que unidos a Cristo, que lleva sobre sí el dolor del mundo, puedan encontrar sentido, consuelo y confianza. Rezo por todos los agentes sanitarios para que, llenos de misericordia, ofrezcan a los pacientes, además de los cuidados adecuados, su cercanía fraterna”.