Abuelas con nombre de lugares

viernes, 23 de enero de 2026

23/01/2026 – La escritora y periodista Diana Arias relató historias reales de inmigrantes llegados a Argentina a principios del siglo XX, destacando los orígenes de nombres peculiares, como el de una abuela llamada Nación Argentina, nacida en un barco al llegar al puerto, y el de Francia, hija de joyeros parisinos que enfrentaron la crisis de 1929. El diálogo también exploró el sacrificio de familias que, como la de Catalina, sufrieron pérdidas trágicas pero mantuvieron lazos de amor y lealtad a través de las décadas. “Estos testimonios buscan honrar la memoria de quienes forjaron el país, transformando sus vivencias en un legado de gratitud y resiliencia”, dijo Diana.

“Los nombres de países asignados a las abuelas inmigrantes influyeron profundamente en su identidad al actuar como símbolos vivos de gratitud o de memoria, marcando su propósito y su conexión emocional con sus tierras de origen y de destino. Estos nombres no eran meras etiquetas, sino que definían el rol de estas mujeres dentro de su historia familiar y nacional. El caso de Nación Argentina es emblemático. Nacida en un barco en 1905 justo antes de desembarcar en Buenos Aires, su padre la nombró así en honor a la nación que les abría los brazos. Esta abuela creció con la conciencia de ser un símbolo vivo de agradecimiento hacia la tierra que recibió a su familia, portando su nombre con una dignidad enorme. Su identidad se construyó sobre la idea de ser un puente entre la España que quedó en el recuerdo y la Argentina que se convirtió en su hogar”, relató Diana.

“Para otras abuelas, como Francia, el nombre servía para evitar el olvido. Nacida en París en 1928, poco antes de que su familia emigrara debido a la inestabilidad económica, su padre la nombró así expresamente para «que no nos olvidemos de dónde venimos». En este caso, el nombre influyó en su identidad como un vínculo eterno con una patria que nunca pudo volver a pisar, pero que sus padres evocaban con nostalgia. Los nombres permitieron que las generaciones posteriores conectaran con sus raíces. Por ejemplo, la nieta de Francia sintió la necesidad de viajar a París y traer tierra de regreso para depositarla en la tumba de su abuela, sintiendo que, aunque la abuela no volvió, el país fue a ella a través de ese gesto que cerraba el círculo de su identidad”, señaló.

“El nombre Francia y el posterior gesto de su nieta, Julieta, encierran un profundo significado de memoria, nostalgia y cierre de ciclos intergeneracionales dentro de la historia de la inmigración. El nombre fue elegido por el padre de la niña, un joyero de apellido Dupré, en un momento de gran vulnerabilidad y transición en 1928. Al registrar a su hija en una clínica de París, apenas dos semanas antes de partir hacia Argentina, el padre miró los tejados grises de su ciudad y decidió llamarla Francia para que no nos olvidemos de dónde venimos. Aunque la familia emigró buscando nuevas oportunidades ante la crisis económica en Europa, el nombre servía como un recordatorio constante de su identidad francesa y del arte de la joyería que practicaban en su atelier parisino. A pesar del glamour asociado a su lugar de nacimiento, Francia creció en Argentina viendo el esfuerzo de sus padres, quienes pasaron de ser joyeros de la aristocracia a reparadores de relojes tras la crisis de 1929. Ella nunca pudo regresar a Europa ni volver a pisar su tierra natal”, indicó Arias. El Instagram de la entrevistada es @dianaariasoficial

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